ENSEÑANZA No. 366

12-366.01 Desde lo alto del monte de la Nueva Sión os envío mi palabra, oh pueblo amado. En esencia, presencia y potencia me tenéis por vez postrera comunicado a través del entendimiento humano, medio que elegí por mi divina voluntad en este Tercer Tiempo para manifestarme aquí, para derramar el Verbo entre los hombres y prepararlos para la perfecta comunicación de espíritu a Espíritu y por medio de esta preparación recibir del hombre el culto perfecto a mi divinidad.

12-366.02.Tiempo de preparación ha sido éste en el que el Padre, seguido de sus huestes espirituales, ha venido a entregaros la lección abriendo ante vosotros el Gran Libro de la Vida, el Libro de la Sabiduría Divina, el Libro de los Siete Sellos, para que este pueblo, leyendo página por página, escuchando la explicación divina de todas sus lecciones, pudiera convertirse en el discípulo del Espíritu Santo, en el apóstol fuerte que lleve con el ejemplo, el pensamiento y la palabra, mi Obra al corazón de esta humanidad, a este mundo que en este instante de entregaros mi último mensaje, se debate en su zozobra, en su dolor y en su propia sangre.

12-366.03. He venido a vosotros y os he contemplado preparados. En esta oración que eleváis al Padre, oh pueblo amado, veo la edificación de un santuario que me invita a estar dentro de él. Es vuestro propio corazón, oh hijos míos. En él recibo la ofrenda la fragancia vuestra y a los pies del altar espiritual contemplo vuestra cosecha, lo que habéis recogido, y labrado a través de los tiempos y que habéis hecho culminar ahora que habéis sido mis labriegos; mi mirada de juez, de Padre y de Maestro juzga la simiente de todos vosotros. En ella está vuestra lucha, vuestros anhelos de progreso espiritual, vuestros sufrimientos, los ideales que habéis visto coronados y los que no habéis visto, todavía florecer; pero la humildad de vuestro espíritu ha traído su ofrenda que, en verdad, Yo recibo. Mi mano de Padre se extiende para recibir el fruto que me hacéis presente.

12-366.04. La conciencia de mi pueblo se despeja y así mismo se juzga. La memoria se aclara y recordáis en estos instantes aquella alba venturosa para vuestro espíritu en que pisasteis por primera vez el camino que en hoy estáis, en que escuchasteis la voz que resonaba en el desierto y también el momento en que ella fue dirigida a vosotros, y desde aquel día, a través de vicisitudes, de obstáculos y de abrojos, habéis venido paso a paso en pos de mi huella.

12-366.05. ¡Cuánto habéis vivido, cuánto habéis mirado y sentido, y al fin llegáis a esta fecha temida por mi pueblo! ¡Este día de juicio, de conciencia y de preparación!

12-366.06. Ninguno sabía si el Padre le había de conceder en la presente vida material y en su actual envoltura, contemplar la postrera de mis manifestaciones y ¡Aquí estáis! Habéis llegado formando un sólo corazón, un solo labriego, una sola flor que eleva un perfume que llega a la altura de mi Solio y por esta preparación espiritual vengo en pos de vosotros, una ves más lleno de fuerza, de luz, de paz y de gracia, para deciros, oh pueblo amado: no quedéis sumidos en la orfandad. No dejéis que la tristeza invada vuestro corazón, no dejéis que la flaqueza os sorprenda cuando ya no escuchéis mi palabra por estos conductos, no os volváis atrás. ¡Id siempre adelante, buscad en el fondo de mi Obra el aliciente que os lleve paso a paso, hasta la meta!

12-366.07 El pueblo se ha preparado y más allá, sobre vosotros, la Gloria también está dispuesta. Como novia se encuentra ataviada para esperar la llegada del esposo y esa preparación universal tiene pureza de virgen, tiene fragancia de flores y tiene luz de nueva aurora. Más Allá de vosotros, pero ahí, hasta donde se ha elevado vuestro espíritu en este instante de gloria y de juicio, están los espíritus grandes que rodean al Padre, los espíritus aún desconocidos por vosotros, a quienes vais a contemplar y a amar el mañana, como a vuestros propios hermanos, como a vuestros mensajeros, que desde el infinito han vibrado como estrellas luminosas en el sendero de vuestra existencia, y entre ellos están aquellos a quienes de nombre ya conocéis. Está Moisés con la Ley en su espíritu, con la Ley inmortal, inmutable; están los patriarcas, los apóstoles, los profetas, los mártires, los santos, los justos, los inocentes, y los grandes arrepentidos. Todo se ha preparado.

12-366.08. Vibra el Valle espiritual sobre vosotros y los mismos elementos lanzan sus voces como heraldos para estremecer el espíritu, el corazón del hombre y decirle: “Es esta hora semejante a aquella en la cual Jesús exhaló el postrer aliento en el madero”. En verdad que podría en este instante repetir mis siete palabras del Segundo Tiempo, las que exclamé en el ara de la cruz; pero en verdad os digo, que ya están escritas con sangre divina en la conciencia de la humanidad. 

12-366.09. He venido con nuevas palabras encerrando en ellas las misma la luz, la misma esencia y sabiduría para que el hombre no diga que en este tiempo el Espíritu Santo sólo vino a repetir las enseñanzas reveladas en los tiempos pasados.

12-366.10. Si os preparáis y penetráis más y más en lo que en este instante vibra sobre vosotros, podréis contemplar como Juan en su visión, al Todopoderoso en su trono. El es quien os habla, Aquél a quien no pudo mirarle la faz, Aquél que solamente presintió que era el Rey de los reyes y el todopoderoso, es el mismo que en este instante, desde lo más alto del monte de la Nueva Sión os habla y se deja mirar por todo ojo espiritual que se eleve y se prepare, circundado también de los ancianos, doce a su diestra y doce a su siniestra; los patriarcas de las tribus del Pueblo Escogido de Dios, los apóstoles del Segundo Tiempo seguidores de Jesús. Ellos son los que eternamente están rodeando al Padre, para desde ahí, seguir vibrando entre vosotros por toda la eternidad. Los unos os dieron vida sobre este orbe, la sangre, la fuerza y el principio del camino. Los otros os darán la vida espiritual, testificando mi Obra, mi pasión, mi palabra y en este instante, unidos al Padre juzgan a su pueblo juzgan su simiente, prueban su propio fruto y también se inclinan ante el Divino juez.

12-366.11 Mas mi juicio en este instante no es solamente para el discípulo del Tercer Tiempo, ni para las doce tribus espirituales cuyos seres se encuentran encarnados los unos y en estado espiritual los otros, mi juicio es universal. Toda criatura, todo espíritu, son en este instante pesados en mi balanza divina, y después de ser juzgados quedarán puestos por Mí una vez más en el camino certero.

12-366.12. Desde el principio de mi comunicación a través del entendimiento humano, de portavoz a portavoz, de generación en generación de labriegos, os fui anunciando el día, la hora marcada por mi justicia para el final de mi manifestación. Un instante en medio de la eternidad ha sido este tiempo para el Padre, pero fue un tiempo vasto y suficiente para este pueblo, para su preparación, su transición espiritual, su resurgimiento entre la humanidad y el final de esta etapa quedó señalado en 1950 por mi voluntad.

12-366.13. Este año no solamente os lo confié a vosotros. Fue una gracia que el Padre brindó a la humanidad, haciendo vibrar la luz del Maestro en toda conciencia, haciendo estremecer las instituciones en sus propias bases, conmoviendo a los hombres que ostentan cargos de ministros en sectas y religiones, para que en este tiempo, en este año, la humanidad penetre en meditación, orando y velando, para que razonando pudiese alcanzar la paz, la concordia y la fraternidad, pudiese apartar de sus labios el cáliz de amargura y convertir sus armas fraticidas en herramientas de labranza.

12-366.14. Todo se lo brindé a este mundo al principiar 1950. Espiritualmente envié mi mensaje de paz, de fortaleza y de luz a todos mis hijos. Bendije todos los caminos di fecundidad a todas las simientes y ahora, al final, cuando vengo a recibir la cosecha de la mano del hombre, cuando vengo a interrogar su propia conciencia, ¿Qué es lo que me ofrece? ¿Qué es lo que este mundo me presenta? Su desobediencia, su materialismo, su desafío a mi justicia divina, su falta de temor ante mi fuerza y he aquí, os digo, en verdad, que este pueblo, a quien he doctrinado, es como un espejo de toda la humanidad, es un reflejo de la división que reina en el mundo, porque si vosotros veis que este mundo se encuentra dividido en potencias, en potencias espirituales también os habéis dividido. Si los grandes pueblos, las grandes naciones de la Tierra están intentando absorber a las demás, unirlas y esclavizarlas, Yo también contemplo entre este pueblo que hay muchos que quieren ser primeros y unificar hacía sí a los demás, y si entre la humanidad, en esos grandes pueblos y naciones veis la guerra fratricida, veis que los hombres van a la muerte bajo las nuevas armas que ellos han creado, Yo veo también entre este pueblo a los que se preparan con nuevas armas para destruir su fe, para levantar a unos sobre otros, para humillar a los primeros a los postreros, para desconocerse unos a otros; mas si este mundo me ha desafiado, Yo acepto su desafío, me sujeto a prueba y a prueba quedo sometido, en verdad, mas vosotros ¿Cómo quedaréis ante mi juicio, oh pueblo?

12-366.15. Después de recibir vuestro fruto, después de colmaros de bendiciones, os digo: Lo espiritual no puede morir. Solamente desaparecerá el pecado; morirán las pasiones, las soberbias potencias de esta Humanidad caerán también y de ellas ni piedra sobre piedra quedará. La ciencia humana puesta al servicio del mal y del exterminio, destruida por mi justicia quedará y de entre vosotros Yo también aboliré vuestra mentira, vuestra impreparación y desunión y solamente conservaré vuestro espíritu, en el cual he depositado la luz del Sexto Sello, de ese capítulo que se ha abierto en este tiempo y en el cual escrito estaba que en él habíais de encontrar el gran día de la justicia divina del Señor.

12-366.16. Este es un gran día, no está compuesto de veinticuatro horas, porque el día del juicio no sabéis cuánto se prolongue, no sabéis cuándo termine, pero de cierto que estáis ya en la culminación de los tiempos y estáis viviendo bajo el juicio del Señor.

12-366.17. En este tiempo velad y orad; Yo os he enseñado. Sois mi simiente, sois mis discípulos, sois mi pueblo al que voy a enviar entre los demás pueblos de la Tierra, al que voy a conducir entre tinieblas porque él es la luz, al que voy a hacer penetrar entre las filas de enfermos, de leprosos, de desesperados, para que allí llevéis la luz y el consuelo, el bálsamo y la paz. Voy a presentaros la orfandad, a la viudez, a la miseria en todas sus formas, al pecado en su más bajo nivel, para que delante de todos esos cuadros de tristeza, de desolación y de muerte, se eleve vuestro espíritu, surjan vuestros sentimientos, se abra vuestro corazón como un manantial de amor y deis cumplimiento, por fin, entre los hombres al divino destino que Yo os he trazado desde el principio.

12-366.18. ¿Cuándo volveréis a ver sobre vuestro mundo brillar el sol de la justicia? ¿Cuándo volveréis a ver la paz en el corazón de la humanidad? ¿Cuándo escuchareis, oh pueblo amado, un cántico, un himno de paz que se eleve del espíritu del hombre hacia el corazón del Padre?

12-366.19. En verdad todavía tendréis que ver pasar grandes acontecimientos en este mundo para que ese tiempo llegue. Todavía el Sexto sello se encuentra abierto y muchas páginas he de volver para que el Séptimo Sello sea desatado entre vosotros.

12-366.20. ¿Cuáles señales os daré para que podáis mundialmente reconocer que el Séptimo Sello se abre para el hombre? Cuando se haya hecho un gran silencio en el Universo. Esa será mi señal. Y ¿Cómo será ese gran silencio, oh pueblo, con el cual podáis vosotros testificar ante la Humanidad asombrada que es el final de una etapa y el principio de otra?

12-366.21. Cuando hayan cesado por un momento las guerras, cuando los elementos se hayan apaciguado, cuando la persecución de mis leyes y mi Doctrina se haya detenido; entonces, habrá como un gran silencio entre la Humanidad y ese silencio será el anuncio de que el Séptimo Sello se abre para revelar sus misterios a esta Humanidad. Es la última parte del Libro que habréis de conocer, que ha de poseer vuestro espíritu para que conozca al Padre y se conozca a sí mismo.

12-366.22. La espiritualidad brotará en toda la humanidad. Muy próximo está el tiempo de lucha. Las señales ya se acercan. Los mismos hombres las darán. Voy a tocar con mi justicia a los príncipes de las iglesias, a los sacerdotes, a todos los ministros y pastores. En este instante sienten mi juicio profundamente en su conciencia. No hay uno que se encuentre tranquilo en esta hora. Los unos inclinan su cerviz, otros sollozan; otros tratan de acallar la voz de su conciencia; pero todos me sienten, todos me palpan, porque, en verdad os digo, en este instante Yo estoy con todos.

12-366.23 Quiero encontrar entre la Humanidad la iglesia que fundó Pedro y veo que sobre aquella piedra fundamental no se edificó ningún santuario. ¡Cuán pocos llegaron al sacrificio siguiendo sus pasos! Veo las grandes iglesias, las grandes organizaciones religiosas, la pompa y la riqueza, el esplendor y el poder; pero no veo  pompa espiritual, no veo galas de virtud, no descubro poderío que sea parte de mi poder universal. y contemplo en verdad os digo que aquellos seguidores de Pedro sollozan en el valle espiritual contemplando a los que les han sucedido, conduciendo a la Humanidad al desastre y a la muerte; que los labios de los que se dicen apóstoles en este tiempo y sucesores de Pedro, hablan de amor, hablan de Cristo, hablan de paz universal, mas detrás de sus palabras fomentan las guerras fratricidas. Pedro no sembró muerte. Yo a su mano le quité la espada. Yo le enseñé a dar la vida para dar vida a los demás. Yo le enseñé a derramar su sangre para que ella fuese como semilla de amor, como testimonio de verdad, como sello verdadero de sus propias obras y él cumplió hasta el final de su jornada.

12-366.24. Por eso, en este Tercer Tiempo, cuando vengo a juzgar la simiente de aquellos que dejé como ejemplo, como emisarios entre la Humanidad, no puedo menos que decir a los hombres, que han edificado sobre arena como necios y que no han sabido construir sobre la roca inconmovible de Pedro, sobre la cual deberían haber levantado la verdadera iglesia a su Padre y Señor. Y os digo también: De toda esa grandeza, de todo ese poderío no quedará ni piedra sobre piedra. Y ¿qué harán las multitudes después? ¿Qué harán los rebaños sin pastor y sin aprisco? ¿Hacia dónde conducirán las ovejas sus pasos cuando las campanas no las llamen ya al redil?

12-366.25. Es entonces, pueblo, cuando las ovejas exhalarán su balido hacia el Más Allá, cuando busquen en la cumbre del monte a su Pastor y entonces vendrá mi Reino sobre todos; vendré entre nubes, según mi promesa, según la palabra de mis profetas, y todo ojo pecador y no pecador me contemplará. Entonces será cuando los hombres, conmovidos ante lo espiritual,  estremecidos por la verdad, verán hacia arriba y olvidarán todo lo que su planta hollará, y no contemplarán más santuarios de granito ni escucharán sus oídos más los bronces; será entonces cuando la humanidad despertando de corazón a corazón , de pueblo en pueblo y de nación en nación, se levantarán en pos del Espíritu Santo que ha abierto su arcano para revelarlo y depositarlo en todos los hombres de Buena voluntad.

12-366.26. Mas en este tiempo ¿Quienes serán los explicadores de mis revelaciones? ¿Quienes serán los que aclaren los misterios del Espíritu Santo a la humanidad despierta ya para el Padre?

12-366.27. Bien sabéis que esos seréis vosotros, que estaréis distribuidos por Mí en los diversos puntos del Orbe, para que vuestras bocas sean como clarines en medio de la noche; para que vuestros testimonios sean obras poderosas que conmuevan el corazón de la humanidad, y entonces podréis decir al mundo: ¡He aquí el Sexto Sello en su esplendor! ¡He aquí al Sexto Sello en la culminación de su tiempo! ¡He aquí al Espíritu Santo comunicándose con el espíritu del hombre, buscando el pastor a la oveja, haciéndola oír sin mediación de nada material, su voz, su palabra, su concierto! ¡Y muchos me escucharán, porque vosotros seréis los que caminéis con firmeza: en vosotros no se verá un titubeo, en vuestros labios no habrá un solo balbuceo; llevaréis vuestro testimonio claro, profundo y amplio a todos aquellos que deseen recibirlo y seréis mirados como apóstoles, seréis oídos como profetas y seréis recibidos en el seno de congregaciones, hogares e instituciones, como los precursores y emisarios de mi Divinidad!

12-366.28. ¡Fortaleceos, oh pueblo! ¡Estad preparados y dejad que mi Obra penetre profundamente en vosotros! Guardadla, allí tenedla, porque la vais a estudiar. En verdad os digo que aun cuando mucho comprendáis ya de mi Obra, no toda la entendéis aún. En el tiempo de meditación que os concedo, vais a alcanzar a comprender muchas lecciones que os van a sorprender. Estáis habitando en el Tercer Tiempo y todavía no habéis sabido interpretar debidamente a los profetas del Primer Tiempo. No os habéis profundizado grandemente en la palabra que Jesús os habló en aquel Segundo Tiempo, y la Obra que el Espíritu Santo ha venido a revelaros, no la habéis abarcado todavía con vuestra comprensión y tendréis que fundir dentro de vuestro espíritu esos tres testamentos esas tres revelaciones en uno, porque todos forman una sola Ley, un solo libro, un solo camino, una sola verdad.

12-366.29. Se acerca el tiempo en que los libros del Primero y Segundo Tiempos vuelvan a vuestras manos, a vuestros ojos, a vuestro espíritu y entonces podréis comprender lo pasado por lo presente y confirmar lo presente con las enseñanzas reveladas en los tiempos pasados.

12-366.30. Yo he permitido que manos humanas de mis enviados escriban la historia, que es vuestro pasado. Yo he venido a comunicarme en este Tercer Tiempo por conducto de estos portavoces elegidos y preparados por Mí, para hablaros de las nuevas revelaciones. Este es vuestro presente. Os he hablado también en tono profético y he preparado profetas en este Tercer Tiempo para que os hablen de los acontecimientos que han de ser, y la profecía es vuestro porvenir. El pasado, el presente y el futuro son con vosotros. Todo lo abarcan. Es la eternidad que Yo os concedo, en la cual vivís, de la cual Yo quiero que seáis dueños para que ya no poseáis solamente el tiempo material, ni seáis dueños solamente de este mundo.

12-366.31. ¡Abrid vuestros brazos espirituales! ¡Extended vuestras alas! ¡Abrid vuestros ojos y abarcad la eternidad siendo los espiritualistas, los que os deis cuenta y comprendáis la vida, el destino, los acontecimientos, todo lo que fue lo que es y lo que ha de ser! Mi luz os ha hecho comprender mucho y aún más comprenderéis si os preparáis. Delante de teólogos y teósofos estaréis y ellos asombrados quedarán. Que no haya en vosotros cobardía, que no os falte la fe, ¡oh Israel! porque entonces temblaréis delante de aquellos que en verdad, en verdad no son grandes delante de Mí. También otras pupilas espirituales os contemplan como iguales, como labriegos de este tiempo, espíritus que ahora forman parte de mis coros espirituales y que tiempo ha estuvieron entre vosotros como labriegos de estas tierras, como precursores, enviados y portavoces.

12-366.32. Contemplad ¡oh videntes! sentid ¡oh pueblo amado! esas grandes legiones que palpitan, que vibran llenas de amor, llenas de respeto, llenas de júbilo en su espíritu sobre y entre vosotros. Allí están Roque Rojas, Damiana Oviedo, todos los portavoces que han partido al Valle Espiritual; los labriegos, columnas, guías y muchos de aquellos que ostentan la señal espiritual de mi marca, formando un pueblo, formando una legión de labriegos espirituales que en este instante se mezclan entre vosotros para formar el pueblo del Tercer Tiempo, el labriego espiritual de esta Tercera Era que se preparó para recibir al Espíritu Santo que se manifiesta  entre la humanidad, Ellos también me entregan su cumplimiento, me muestran su simiente y os ayudan en vuestra preparación para que seáis dignos de mostrarla al Padre.

12-366.33. Todos en esta hora bendita, en este instante de juicio y de amor, estáis unidos formando una sola familia, un solo pueblo delante del Padre. ¿En que región vibra vuestro espíritu en este instante? En el Valle espiritual. Por eso sentís esta paz y esta beatitud. Las vicisitudes del mundo las habéis olvidado. El peso de vuestro fardo lo habéis dejado sentir y la amargura de vuestro paladar es tan sólo dulzura en este instante. ¿Por qué, pueblo? Porque os habéis elevado de entre los hombres, de las ideas religiosas y de todas sectas; os eleváis secretamente, humildemente, porque todavía vuestro grito no resuena en los ámbitos de este mundo y ahí en el Valle espiritual contempláis la elevación, la desmaterialización de todos los seres para rendir culto al Creador.

12-366.34. Sentís que estáis envueltos y rodeados en muchedumbres infinitas de seres que palpitan, porque han despertado ante la voz de la justicia, y si vosotros la oís resonar a través del portavoz humano, el Universo la escucha en lo más profundo de la conciencia y me preguntáis: “Padre, ¿El Reino de los Cielos, tu Reino, ya estará de lleno entre nosotros?” y el Padre os dice: Yo quise, que el Reino de los Cielos ya lo llevaseis en vuestro corazón; pero hasta ahora no lo habéis conquistado todavía, ¡oh soldados de mi causa!

12-366.35. Vas a tener todavía que luchar, que seguir trabajando y sufriendo para poder alcanzar vuestra unificación, y la conquista de vuestra propia unidad será la que os haga sentir que el reino del Padre esté en lo más profundo de vuestro corazón. Ese Reino es la Segunda Jerusalén, la ciudad blanca, donde quiero que moréis. Sus puertas se encuentran abiertas y sus moradores preparados y dentro de sus murallas, la paz, la salvación, la vida eterna. Tenéis que caminar un poco más en el sendero y habréis conquistado esa Ciudad. Hoy, como en el Primer Tiempo, puedo deciros como Moisés: “He ahí, en el horizonte, la Tierra Prometida”.

12-366.36. Moisés no contempló en su hora final vuestra entrada en la Tierra de Promisión. Tampoco el Maestro, en la Víspera de su muerte en cuanto hombre pudo contemplar el reconocimiento del pueblo hacia su Ley; y habiendo escalado el Señor un monte como también lo escaló Moisés en el Primer Tiempo y contemplado a la primera Jerusalén pecando como todos los días, aletargada en su sueño de siglos, lloraron los ojos y el corazón del Maestro sobre aquella ciudad amada y exclamó: “Jerusalén, Jerusalén, que no habéis sabido el bien que habéis tenido entre vosotros; Yo quise reuniros como la alondra reúne a sus polluelos pero estáis dormidos y no habéis sentido mis pasos, ni oído mis palabras”. Os digo lo mismo en este tiempo, en esta hora, oh pueblo: ”Israel, Israel, que tanto tiempo me habéis tenido entre vosotros y no habéis alcanzado a amaros con el amor con que Yo os he amado; que no os habéis unido habiéndoos tantas veces el Padre inspirado ese amor y esa fraternidad, habiéndose convertido en la alondra bajo cuyas alas pudieran estar todos los polluelos reconociéndose; pero también como en los tiempos pasados, la fuerza quedará en vosotros para que sigáis la jornada.

12-366.37. ¿llegaréis a conquistar la Tierra Prometida?

12-366.38. Sí, pueblo amado. Desde aquí ya vislumbráis las luces de la gran ciudad. Desde aquí ya percibís el perfume de sus huertos. También desde aquí ya escucháis las voces de sus habitantes, de sus moradores y esa visión de realidad os anima en el camino para no desviaros de él; ese hermoso panorama celestial os invita a cada instante a caminar hacia adelante para poder llegar ante las puertas y decir al fin: “He conquistado con mi esfuerzo la Tierra Prometida”

12-366.39. La fe y la fortaleza de Moisés os condujo a la Tierra Prometida en el Primer Tiempo, Tierra que fue un reflejo de la patria celestial, de la mansión eterna. La sangre del Cordero, la sangre del Maestro en el Segundo Tiempo os rescató. Ese es vuestro precio. Nadie podrá arrebatarme lo que es mío y en este tiempo mi palabra dada a través del entendimiento humano, conducto por el cual he venido a revelaros las grandes enseñanzas del Tercer Tiempo, una vez más os levanta en el camino. Es la luz de vuestra conciencia, que no deja que os perdáis en el sendero, es la misma brecha abierta por la Verdad. No os apartéis nunca de ella, porque se acercan los tiempos de la guerra de palabras y de ideas, la guerra de criterios, de interpretaciones en mi Obra. No desconozcáis jamás mi Ley, mis revelaciones, ni Doctrina; pero sí, cuidaos de las interpretaciones que a ellas den vuestros hermanos. Someted a vuestro juicio, a vuestra sensibilidad espiritual la interpretación, el análisis que los demás hagan de mi Ley y si contempláis aquella interpretación justa, tomadla. Si otros se adelantaran a vosotros a comprender, sed imparciales y justos y conceded el primer lugar a aquellos que antes que vosotros se desvelaron y supieron descubrir en el fondo de mi Obra su verdad, su eternidad, su luz.

12-366.40. Voy a dejaros una vez más, como ovejas entre lobos, pero estas ovejas están preparadas, no caminan sin pastor; conocen el camino seguro y saben dónde está el aprisco. Mientras caminéis dentro del sendero, nada podréis temer, pues es más fácil que un lobo se convierta en oveja, que una oveja en lobo. Mas si vosotros salieseis del sendero y os cubrieseis con la piel de la soberbia, de la desobediencia, de la grandeza o del materialismo, entonces os convertiríais en los lobos robadores, en lobos voraces, pero ¡Ay de vosotros! porque habrá lobos más fuertes y justicia más fuerte, tropiezos y abismos.

12-366.41. Mi camino queda trazado en vuestra conciencia. Pronto no tendréis pastor alguno sobre la Tierra, ni ministros que celebren ritos delante de vuestros ojos, ni recintos que simbolicen el templo universal de Dios. Tendréis por templo al Universo, delante de vuestro espíritu al Señor, al Maestro, a vuestro dulce Jesús, lleno de sabiduría y de amor, presto siempre a escucharos. No tendréis otro altar que vuestro corazón, ni otro guía que vuestra propia conciencia.

12-366.42. Estas lecciones os han sido reveladas y han tomado forma en vuestro espíritu. Ya no podréis perderos del sendero, porque bien lo habéis mirado.

Cuando el mundo os contemple caminar sin dioses materiales, sin ritos y sin pastores, se asombrará, os juzgará, y lo que podrá a ellos dar testimonio de mi verdad, de que no vais solos, serán vuestras obras, vuestra virtud, vuestra vida; porque mi Obra no sólo la vais a extender con el instrumento de vuestros labios, debéis vivirla; porque un acto de vuestra vida vale más que mil de vuestras palabras, por convincentes que sean. Amor, mansedumbre, humildad, sacrificio, y de este modo el mundo me reconocerá en vosotros.

12-366.43. Os dejo en mi lugar como maestros y aún cuando siempre delante de Mí os sintáis párvulos, delante de los hombres seréis como maestros, como hermanos mayores, que sabrán depositar en los postreros todo cuanto Yo os di y si éstos por su amor, por su consagración en mi Obra llegasen a ser más grandes que vosotros, dejadles y sonreíd, pero con sonrisa de amor, de satisfacción espiritual; pues llegará en verdad un nuevo tiempo para vosotros en que a ellos alcancéis en el camino para ser todos iguales; porque desde el principio todos brotasteis de Mí en forma igual y tendréis que llegar a Mí también iguales. Todos seréis grandes para comprenderme; todos seréis espíritus con potestad, con sabiduría y amor para sentir y comprender al Padre y en unión de El regir al universo, como es mi voluntad; porque vosotros sois ahora seres superiores delante de seres inferiores y si os he confiado este mundo para que en él os enseñoreéis, después, cuando os lleve a mi Reino, seréis todos príncipes delante del Padre y gobernaréis toda la Creación. Seréis entonces dueños de verdadera grandeza. Ninguno se sentirá superior al otro. El amor presidirá todas vuestras obras y tendréis siempre la dicha espiritual perfecta, amando al Padre y amándoos a vosotros mismos. No sentiréis ausencia ni distancia para el Padre ni para el semejante. Un mundo será delante de otro mundo, como ahora es un hogar junto a otros hogar.

12-366.44. Así pueblo, así discípulos, quiero llevaros a la perfección, así quiero que lleguéis a esa gran ciudad que preparada se encuentra desde la eternidad, para que seáis los moradores, los habitantes eternos en esa paz y en esa perfección.

12-366.45. Desde 1866 hasta 1950, todo cuanto os he revelado por este conducto, podéis encontrarlo en el Libro de los Siete Sellos y todos los acontecimientos de esta Humanidad confirman lo que escrito está en él. Siempre me he comunicado con mis hijos. Ahora tenéis esta forma que presto desaparecerá de entre vosotros.

12-366.46. Nueva forma de comunicarme vendrá: La forma perfecta de Espíritu a espíritu. La comunicación espiritual alcanzará alto grado de perfección entre los hombres, pero su grado máximo lo tendrá cuando hayáis dejado el mundo y la envoltura. A través de este don muchos misterios seguiré esclareciendo, nuevas y grandes revelaciones os haré. Por el sendero de la espiritualidad penetrarán los hombres, y en esa senda hallarán la luz para sus empresas, para sus misiones, para sus cargos y para su ciencia.

12-366.47. Por medio de la comunicación de espíritu a Espíritu seré interrogado, buscado por todos; por ese medio Yo hablaré e inspiraré a mis hijos. Bienaventurado aquél, os digo en este día, que me busque por medio de esta gracia con humildad, con mansedumbre y con respeto, porque él encontrará en Mí una fuente pródiga e inagotable de luz, de revelación, de beneficio ¡Ay de aquel que en mala forma me busque, porque Yo le tocaré para hacerle comprender su error y si aún fuese necio, entonces se comunicará solamente con la luz aparente, que es tiniebla y es tentación!

12-366.48. Paso a paso habéis venido desde el principio de mis enseñanzas. llegasteis ante mi planta divina fatigados del camino, enfermos y muchos sin bien alguno. Venció mi palabra y mis pruebas de amor toda la incredulidad; venció mi esencia espiritual el materialismo; convertí los duros corazones, semejantes a las rocas, en sensibles, y de los pecadores hice mis servidores; a los hombres y mujeres caídos en vicio los hice pasar por la regeneración para convertirlos en mis labriegos; muchos que no eran capaces de conducir sus propios pasos, en guías los transformé para conducir la conciencia de las multitudes. muchos labios profanos tuvieron después que pronunciar la palabra divina. Muchos entendimientos rudos y torpes, cerrados para la luz de la ciencia y del saber humanos, mansamente se abrieron para dar acceso a la luz el Mundo Espiritual; pero en verdad os digo: no vine a distinguir a mis llamados en clases, en castas o linajes; no vine a desechar al hombre de ciencia; no vine a desconocer al hombre de letras, no cerré las puertas para el hombre culto, porque muchas veces el culto me comprendió más pronto y mejor que el rudo; otras veces, los rudos e ignorantes mas pronto confesaron que la iluminación de su espíritu se había hecho en ellos.

12-366.49. A todos llamé. Puse un emisario, un heraldo en el paso de mis hijos y si muchos fueron obedientes y sumisos a la voz de mi llamado, otros fueron sordos y nunca vinieron a Mí; pero de aquellos que perseveraron unos en su creencia, en su fe, otros para destruir su incredulidad hasta llegar al triunfo, otros en su enfermedad hasta alcanzar la salud; y otros diciéndome: “Padre, si no te place sanarme, aún así quiero seguirte”.

12-366.50. De todos estos que me amaron, formé mi cuerpo de labriegos, mi nuevo apostolado, permitiendo la existencia de numerosos recintos humildes y pobres, para que a la sombra de ellos se congregara el Pueblo y allí recibiera mi manifestación divina por el conducto de mis portavoces, de las facultades, de los guías, de los columnas, de los videntes, de las plumas de oro y piedras fundamentales; porque a través de los siete dones, en representación de los siete espíritus, Yo he hablado a este pueblo, le he conducido y le he preparado. A pesar de la imperfección de mis escogidos, a pesar de sus errores e incomprensión, he manifestado siempre mi Obra, ya en una palabra, en un miraje, en una prueba, para que ello fuese aliciente y estímulo para este pueblo y los que habían creído ya en la verdad de esta revelación, nunca más pudiesen dudar.

12-366.51. Si muchos han vuelto la espalda, muchos se quedaron en el sendero y me han seguido hasta el final de la etapa. Esos perseverantes, esos labriegos, esos guías de multitudes sois vosotros, porque todos habéis acarreado tras de sí muchedumbres de espíritus, de corazones y habéis contemplado la transformación de esas mismas multitudes en su salud, en su moral y en su culto, Si las contemplasteis en sus primeros pasos pobres, enfermas, menesterosas e ignorantes, ahora escucháis en los labios de las muchedumbres de Israel la luz, en sus actos verdad, en su vida, regeneración, y en su culto ansia, anhelo de perfección.

12-366.52. Mi palabra no la he retenido a ninguno. Yo siempre he estado presto sobre este pueblo y a través de todos estos conductos he derramado esencia, verdad y vida. No todos se han sabido preparar. No en todos he descubierto espiritualidad. Los que más han alcanzado, ha sido por su preparación, por su elevación y consagración en mi Obra, y el día final ha llegado que a todos anuncié, porque no hay uno que ignore que en esta fecha, el Padre ha de levantar su palabra por siempre, en la forma en que la habéis tenido.

12-366.53. ¿Está el pueblo preparado para este acontecimiento?

12-366.54. ¿Está fuerte el discípulo para esta prueba?

12-366.55. A unos contemplo fuertes y a otros débiles, y el Maestro dice a los fuertes: ¡Rogad por los débiles! A los despiertos: ¡Velad por los que duermen! A los que más han adelantado: ¡Sentid la responsabilidad delante de los retrasados! A los que más hayan recibido: ¡Tened conciencia de ello y compartid estas enseñanzas cuando el tiempo sea llegado!

12-366.56 Mas el Padre pregunta a todo su pueblo: ¿Por qué queréis retener al Maestro un tiempo más? ¿Por qué pretendéis que el Padre pase sobre su propia palabra, dándoos con ello un ejemplo de imperfección? ¿Qué no habéis comprendido que soy inmutable, que soy inexorable, que soy perfecto? ¿Acaso todavía os hace falta mi palabra que durante tantos años pacientemente os he entregado?

12-366.57. Mi palabra ha sido una obra perfecta que se ha consumado entre vosotros. ¡Tenéis los dones, tenéis la Doctrina, poseéis mis revelaciones! Os he preparado, ¿Qué más podéis pedir? ¿Qué más queréis del Padre, oh pueblo!

12-366.58. Sin embargo, se levantan los que duermen, los desobedientes, los que se han acostumbrado a profanar, a pasar sobre mis mandatos para decir: “Podemos pasar sobre la palabra del Señor. El todo puede conceder a su pueblo. Nuestra voluntad puede hacerse”.

12-366.59. ¡Ah, en verdad, que esos no saben lo que dicen, ni saben a lo que se exponen, porque el juicio del Padre desatado puede encontrarse!

12-366.60. ¡El gran día de la justicia del Señor ya está entre vosotros y también la justicia humana alerta, pendiente, iluminada por mi justicia divina puede encontrarse para juzgar las obras de los hombres!

12-366.61. ¡Todos los que han tomado obra divina, palabra espiritual, todos los que han tomado mi Doctrina y mis leyes para regir a los hombres, para doctrinarlos, para refrenarlos en sus vicios y en sus pecados, para conducirlos por la senda de la eternidad, están a juicio. Entre ellos estáis vosotros, Israel, en primer lugar y tras de vosotros todas las religiones!

12-366.62. ¡He aquí mi balanza! ¡He aquí mi justicia y también mi espada inexorable! ¡No me desafiéis mas, pueblo! ¡No imitéis a esta humanidad que en el año de meditación, en el año de perdón y de reconciliación se levantó esgrimiendo su arma fraticida, manchando la página blanca de la paz con la sangre hermana y pasando, en verdad os digo, sobre mi proposición de paz!

12-366.63 ¡Ay del mundo! Está al borde de su abismo. Va a apurar el gran cáliz de la amargura hasta las heces y un gran ¡Ay! de dolor tendrá que exclamar para que pueda despertar!

12-366.64. Así lo ha querido el hombre. Le he propuesto mi paz, le he propuesto mi amor, me he acercado más a él, y sin embargo, de mi Reino no quiere nada, quiere el suyo; de mi poder, tampoco; él ha antepuesto su propio poder; de mis galas, tampoco; quiere seguir envolviéndose en la soberbia; no quiere la vida en la eternidad; quiere solamente el poder temporal y la muerte, que será la que dé cuenta de todos los actos de los hombres.

12-366.65. Un lugar tengo destinado para todos los que busquen mi paz y que encuentren la muerte en las injustas guerras de los hombres, porque hay muchos que van por los campos de destrucción con el arma en la diestra y la conciencia  hablándoles,  la conciencia  sollozante, la  desesperación en el corazón, diciendo al Padre: “Perdóname, porque voy sembrando la muerte, porque te estoy ofendiendo”.

12-366.66. Esos son los que me han sentido. Yo a ellos rescataré; por ellos velad, pueblo. Muchos tornarán a la paz; muchos volverán al hogar; los que caigan, los que dejen su cuerpo entre escombros, ellos se levantarán gloriosamente en espíritu, porque mi voz les está llamando a este Reino de paz y de justicia para decirles: No encontrasteis justicia en la Tierra, pero mi justicia existe y os llama, os envuelve y os resucita.

12-366.67. Vais a contemplar todavía muchas pruebas de dolor. El año de 1951, que solamente espera el paso de unas horas para hacer su entrada, traerá un presente de pruebas entre la humanidad, y si 1950, preparado con la luz del Padre, se ensombreció con la tragedia de los hombres, se ensangrentó con la sangre de ellos mismos, se conmovió con los grandes acontecimientos, 1951, aún más, en verdad os digo, hará conmover a la humanidad.

12-366.68. Vosotros, que formáis parte de ella y que habéis sido preparados para sobrevivir a todas estas pruebas, no dejéis de velar, no dejéis de orar. Pensad en que sois como un manto de paz. Pensad que sois los poseedores del bálsamo. Pensad que sois consuelo en este mundo y que por eso no os llevo conmigo en esta hora en la cual quisierais quedar fundidos a mi Rayo Universal y a mi mundo Espiritual, para dejar este mundo y poder contemplar el Reino de los reinos. Todavía no ha llegado ese tiempo para vosotros. Quedad aún entre los hombres y sed para ellos bendición y perdón.

12-366.69. Vuestras armas están preparadas. Vuestra fuerza os hará salir avante hasta el fin; pero os digo en verdad: No penséis en que esas calamidades serán sentidas solamente por vosotros. Pensad que en cada prueba Yo os concederé una gracia. Vendrá todo sufrimiento y vicisitud acompañado de un beneficio y de una prueba de amor para vosotros.

12-366.70. Como Juez os he hablado; como juez he estado entre vosotros y mi justicia es universal. Como Maestro me habéis tenido a lo largo de estos años de enseñanza que culminaron con los tres últimos, que Yo consagré en recuerdo de aquellos tres años que prediqué en el Segundo Tiempo y en memoria también de los Tres Tiempos. Mi cátedra de Maestro es toda mi palabra. Mi revelación como Espíritu Santo es todo lo que os dije a lo largo de este tiempo de enseñanzas. Ese libro queda escrito con fuego del Espíritu Santo en vuestra conciencia, en la misma carne de vuestro corazón donde se hará imborrable mi palabra, él palpita al compás del Universo, y de todo lo que ha sido depositado en vosotros como algo que fue misterio impenetrable en los tiempos pasados, esclareciéndose con luces maravillosas para vuestro espíritu en este Tercer Tiempo.

12-366.71. Os dejo como intérpretes de mi Obra, de mi palabra, de mis mandatos. ¡Ved cómo los hombres, queriendo penetrar en la palabra del Señor, en su Ley, en sus profecías y en todo aquello que entregó Juan por mi mandato divino a la humanidad, solamente se han confundido! ¿Cómo podrán llegar los hombres, los teólogos, los exegetas a la verdad? Por el testimonio que vosotros deis de lo que el Espíritu Santo os habló, El Espíritu Santo ha hecho luz en todas sus lecciones. No ha dejado nada en misterio. Todos los velos quedaron descorridos y  el arcano  abierto para el  pueblo. Vosotros sois depositarios de esta luz, pues habéis sido llamados discípulos e hijos del Espíritu Santo. Entonces. ¡Id a los hombres y hacedlos comprender! Veréis cuánta alegría, cuánto gozo en ellos cuando al fin pueden leer las escrituras, comprendiendo lo que no podían antes entender, las profecías que han visto cumplidas y las que están por realizarse.

12-366.72. De este modo iréis cumpliendo con ese alto destino. ¡oh profetas y apóstoles del Espíritu Santo, oh pueblo bendito de Israel! Así habéis sido mi discípulo en este tiempo, así me habéis tenido como Maestro y quiero que al fin me reconozcáis como Padre.

12-366.73. En mi mesa de amor estáis sentados una vez más. Todos sois mis discípulos. La torta de pan siempre la he hecho doce partes y las doce tribus de mi Pueblo han comido por igual. En el santo cenáculo, la última vez que cené rodeado de mis apóstoles en aquel Segundo Tiempo, al tomar el pan les dije: “Tomad y comed, éste es mi cuerpo”. Bendije el vino y se los di a beber diciéndoles: “Bebed, esta es mi sangre”. ¡Mas después añadí: “haced esto en memoria mía”!

12-366.74. A lo largo de la Segunda Era, a través de ese símbolo, se ha sustentado la humanidad y al aparecer el Padre nuevamente entre vosotros, ya no en cuerpo a través de Jesús, sino espiritualmente entre nubes, manifestándose por luz de su Espíritu Divino a través de criaturas humildes, humanas, os dijo: Los tiempos han cambiado, los tiempos han pasado y hoy mi palabra es el cuerpo y su esencia es la sangre; vuestra comunión es espiritual con el Maestro; y en este instante, al entregaros por última vez mi palabra en esta forma, os digo: Esta palabra que fue alimento para vosotros, y ha sido esencia y vida, redención y regeneración, salud y esperanza para este pueblo, no olvidéis que encierra esencia eterna y que aun cuando dejéis de escucharla a través de los portavoces, siempre estará en vosotros como fuente de vida, como pan, como exquisito manjar, como bálsamo y esperanza.

12-366.75. ¡Guardad esto que os dejo y llevadlo siempre en vuestro espíritu! Mas cuando queráis penetrar en perfecta comunión con vuestro Maestro, cuando queráis recibirlo de lleno en el corazón, os bastará la preparación, la limpidez del pensamiento y del corazón para que dejéis escapar al espíritu, que muy presto sabrá encontrarme. Me encontrará convertido en alimento, en sustento lleno de vida y de buen sabor.

12-366.76. ¡Así preparaos, oh pueblo, para que podáis penetrar siempre en esa comunión perfecta! Nunca os faltará mi fortaleza ni mi paz. Estáis sentados en torno mío, comiendo este pan de vida y el Maestro dice también como en otro tiempo: Entre los humildes, entre los que mucho me han amado, entre los que me han seguido paciente y firmemente a pesar de las pruebas, hay quienes el mañana van a entregar mi Obra en manos de la justicia humana; hay quienes van a seguir cambiando mi Obra, mi propia palabra, mi testimonio, por vil moneda y una vez más os preguntáis: “¿Acaso el mañana de labriego afanosos y obediente, me tornaré en el traidor?” ¿Quién es aquél, Maestro? me pregunta vuestra conciencia y Yo os digo: No lo sabéis; pero en este instante os preparo, os doy fuerza para que solamente a Mí me dejéis juzgaros.

12-366.77. Si en vuestro camino veis que se levanta el traidor, el falso, el ingrato, el débil o incrédulo, el blasfemo, el profano, perdonadlo, sí, pero habladle con amor, con esta palabra de juicio con que Yo os he hablado, pero que sea mi juicio, no el vuestro, pueblo, porque el vuestro todavía no es perfecto. Mientras estéis trabajando, mientras estéis cumpliendo dentro de mi Obra pensad que no existen traidores, olvidad que existen profanos y pensad que sólo existen obedientes. A nadie juzguéis y sólo amad, perdonad y trabajad, que detrás de vuestro cumplimiento estará mi justicia ordenándolo todo, restituyendo a todos su luz, su perfección, justificando y dignificando dentro de mi Obra y mis leyes, que en su principio son perfectas y en su final también.

12-366.78. Mis últimas palabras ¿Creéis acaso que pueda Yo pueda dirigiros desde los alto de una cruz? No está la humanidad regenerada, Suben hasta Mí lamentaciones, llegan hasta Mí blasfemias de los hombres, el sordo ruido de la guerra humana, llanto de niños, desconsuelo de hombres y mujeres, Veo luto y pobreza; veo reinos en decadencia y potencias próximas a desplomarse, hálitos de muerte en toda la humanidad y en medio de todas esas voces de imprecación e invocación, una voz que surge de entre los hombres y llega hasta Mí, conmueve mi Espíritu Divino y es una palabra que dice: ”¡Ven!” Es lo que me dice este mundo ¡Ven! porque el espíritu tiene mi promesa porque los hombres saben que anuncié mi vuelta, porque los hombres han despertado a los hombres diciéndoles: “El Señor anunció que volvería”; porque ante la ausencia de justicia humana vuelven a Mí en busca de mi paz y mi justicia, para decirme: “Señor, ¿Por qué no vienes? ¿Por qué no veis mi dolor? ¿Por qué no contemplas mi tragedia?

12-366.79. Yo te estoy contemplando, oh humanidad. Mi mirada de Padre, te ve, pero mis ojos también son de juez. Nunca me has querido como Padre. No me has concedido realeza sobre ti. No me has querido como Maestro; solamente como juez y como juez me tienes presente en este instante. Para no hacer más pesado el peso en tu conciencia, no te digo que estoy sobre una cruz. Invisible estoy sobre un monte, en la cúspide de un monte, pero como en aquella cruz, con mis brazos abiertos, inmensamente abiertos para estrecharte y así como se abrió mi costado en aquel tiempo para derramar sobre ti agua y sangre de amor hoy se abre mi Espíritu para derramar sobre todos, agua y sangre divinas de perdón, de misericordia y de paz.

12-366.80. ¡Están mis brazos abiertos! Todo mi Espíritu siente tu dolor; pero no ese dolor físico, no ese dolor humano, no ese dolor de los espíritus atormentados. Es dolor divino, incomprensible para las criaturas limitadas, es dolor que vosotros no podéis saber, porque en verdad os digo: ¡Sed tengo, pueblo; sed tengo humanidad, de tu paz, de tu redención y de tu amor!

12-366.81. Los que están oyendo a través de un portavoz humano, no osarían en este instante levantar su mano para herir a su propio hermano, no podrían abrir sus labios para proferir ofensa alguna ante su Señor. Los que están más allá de esta manifestación, si se hieren, si se matan, si se arrebatan el tesoro precioso de la vida, del bienestar y del amor. Es que en verdad, ellos no saben lo que hacen y en este día sublime, día de amor y de justicia universal, todos aquellos que dejen su cuerpo para trasmontar los espacios espirituales, escuchen una vez más la voz potente de Jesús, que desde la cima desde este monte les dice: “En verdad, hoy seréis conmigo en el paraíso”

12-366.82. Todos aquellos que bajo esta influencia divina se hallen preparados, hayan despertado y me digan: “Señor, en el último día de este año llamado santo, dejo mi cuerpo para elevarme a lo desconocido. ¡Recíbeme!” Esos, en verdad os digo, a Mí me encontrarán en mi reino. Mas aquellos que blasfemando cierren para siempre los ojos de la materia, cerrados los llevarán en el espíritu para mi luz y los abrirán después de su propio juicio.

12-366.83. Cuando Cristo, en cuanto hombre, sintió todo el dolor y por un instante en ese dolor fue abandonado por el Espíritu, dijo en cuanto hombre, en cuanto humano: “Dios mío, Dios mío, ¿Por qué me has abandonado?

12-366.84. Hoy os digo a todos los que delante de Mí vivís, camináis, sufrís y pecáis: Cuando sintáis la flaqueza de la carne, invocad a vuestro espíritu, imitando al Maestro. El espíritu es más fuerte que la carne. La carne siempre es y será frágil. Mas cuando las pruebas fuesen muy grandes para el espíritu y superiores a él, buscadme y será entonces el único caso en que le permita decir a vuestra envoltura sintiendo la ausencia del espíritu por la misma fuerza de la prueba: “¡Dios mío, Dios mío, ¿Por qué me has abandonado?” y al instante un rayo de luz será en vuestros ojos, en vuestro espíritu y lo levantaré en el camino dándole pruebas de que no va solo, de que un Dios nunca abandona, que el Padre no puede dejar a sus hijos, y menos en el instante de las grandes pruebas, cuando aquellas están testificando en pleno a su Señor.

12-366.85. Os dejo unidos y sobre vosotros, el manto de ternura que os ha envuelto siempre, cuyo calor habéis conocido ya.

12-366.86. María, a los pies de Cristo estuvo sin exhalar una sola queja ni un reproche para aquella humanidad. Por eso ante el Padre fue grande como mujer y como espíritu, porque es el espíritu de la fraternidad universal que existe en Dios, y en esta hora bendita dejo ese amor impreso en mi pueblo, porque sois el Pueblo mariano del Tercer Tiempo que hará reconocer a la humanidad presente y del futuro la existencia de ese amor, de esa fragancia, de esa ternura infinita, de esa intercesión y de esa virginidad incomprendida por los hombres, y Ella que está en Mí y que está en todo, oye esta voz que le dice: ¡Quedad siempre como Madre en el Universo! Y a este pueblo le digo, representando a toda la humanidad de éste y de otros tiempos: Pueblo, hijo, ¡He ahí a tu Madre!

12-366.87. No quiero dejar dolor ni tristeza en vosotros, porque aunque mi Divino Espíritu está triste, muy triste hasta la muerte, quiero dejaros el recuerdo de que estuvisteis en el último festín, que esta última hora sea, oh pueblo amado, la que deje su recuerdo imborrable en vuestro corazón, la hora amable, la hora de comunión, de dicha por estar escuchando el Verbo como lo escuchasteis durante tanto tiempo. En esta hora en que comisteis los ricos manjares espirituales hasta calmar vuestra hambre y vuestra sed espiritual, no penséis en el sufrimiento del mundo. Yo estoy con todos. No penséis en este momento en el presente. Vivid por un instante en el porvenir, en ese tiempo de paz que os preparo, y miraos todos llenos de amor, circundando al Padre en esta misma mesa, mesa de amor, de enseñanza, de revelaciones y de perdón.

12-366.88. ¡Tomad y comed! Mi palabra es mi cuerpo ¡Tomad y bebed! Mi sangre es la esencia que he puesto en mi palabra, en donde realmente me habéis descubierto en este  Tercer Tiempo. No en el portavoz, no en el sonido de su voz, no en la forma exterior de la palabra humana, sino en lo más profundo de su sentido. Ahí está la esencia que es la propia sangre de mi palabra. ¡Bebedla, porque vosotros vais a ser el mañana pan y vino, cuerpo y sangre entre la humanidad!

12-366.89. Os dejo unidos, sentados en esta mesa que nunca será tribunal, sino banquillo de discípulos y de párvulos que van a profundizarse en la Enseñanza del Maestro, que van a hacerse dignos por su preparación, de que El se les manifieste a toda hora. El mañana voy a sorprenderos, como a los caminantes de Emaus, como aquellos apóstoles que necesitaban mi presencia y mis pruebas para poder fortalecerse y levantarse y así os sorprenderé. Que entre vosotros no haya jamás falsedad, que vuestro testimonio sea siempre verdadero y entonces vuestros labios proféticos guiarán firmemente los pasos de la multitud que es este pueblo amado, y nunca tropezará; que sepáis librarlo de los grandes riesgos y llevarlo victoriosamente hasta las mismas puertas de la Segunda Jerusalén, esa ciudad que os he brindado en este Tercer Tiempo, para que la ofrezcáis, como guardianes de ella, a la humanidad; puertas que se encuentran abiertas para todo el orbe, por las cuales han de penetrar los hombres ansiosos de verdad, hambrientos de espiritualidad, y vosotros, como los buenos guías y conductores de los pueblos, les llevaréis con paso firme hasta el corazón mismo de la blanca ciudad.

12-366.90. Mi juicio ha sido dado, mi Enseñanza y revelaciones también: mi paz de Padre, mi caricia es en todos. ¡Sentidla! ¡Sentid que os estrecho, en verdad y en espíritu, contra mi corazón divino!

12-366.91. ¡Oíd! Oíd la voz del Padre que comienza a resonar en lo profundo de vuestro corazón, que comienza en estos instantes a buscar eco en lo más profundo de vosotros, porque os dejo desde este instante en el tiempo de la gracia, en el tiempo de la comunicación de espíritu a Espíritu.

12-366.92. Oh pueblo amado: ¡Id por los caminos, penetrad en los hogares y haced paz por doquiera! Llevad mi testimonio y defended hasta el fin, mi Obra Espiritualista Trinitaria Mariana, que he venido a revelaros, que he venido a confiaros en este Tercer Tiempo en cumplimiento a mi palabra dada en los tiempos pasados.

12-366.93. Vine sobre la nube; de ella hice descender mi rayo universal y por medio de él me habéis tenido en Verbo, en esencia, presencia y potencia, desde 1866, desde Roque Rojas hasta 1950, por el conducto de los últimos portavoces por quienes he hecho repercutir mi palabra universal, que si hoy habéis conocido unos cuantos que forman mi pueblo, miembros del pueblo de Israel, elementos de las doce tribus, el mañana, por estos testigos y emisarios que dejo entre la Humanidad, será conocida en todo el orbe, será proclamada como verdad y será ancla de salvación, puerto acogedor, estrella para todos los caminantes y reino de paz para el Universo, porque ésta es mi voluntad.

12-366.94. Mi paz dejo a vosotros. ¿Adiós pueblo amado!

12-366.95. Pronto me tendréis en Espíritu Santo en plenitud.

12-366.96. ¿Por qué lloráis pueblo?

12-366.97. He aquí como os prueba mi palabra en este instante.

12-366.98. Os sigo hablando y no profano mi mandato.

12-366.99. ¡Ven a Mí, pueblo! Llora en verdad  llora, que Yo recibo tu llanto. Es frágil la carne y fuerte el espíritu, él sabe lo que ha recibido y es obediente y conforme con mi voluntad; pero tu envoltura es el niño que por momentos va a sentirse débil en su jornada y al que vais tú mismo a fortalecer.

12-366.100. ¡Ven, pueblo, y deja tu dolor ante mi planta! Abre tu corazón y hasta la última de tus quejas déjame para tornarla en paz. Mucho tiempo has acallado tu dolor, sabiendo la ausencia de mi palabra, pero en el postrer momento la carne te ha traicionado, ha flaqueado la envoltura por que es el pequeño, la tomo en mis brazos, la adormezco en ellos y le digo: No temas, que en verdad si es un cáliz amargo la vida para tus labios, Yo a través de tu espíritu lo sabré endulzar.

12-366.101. Pupilas que sabéis llorar desbordando el sollozo de vuestro dolor: llorad, que así vais a limpiaros para contemplar con limpidez el nuevo tiempo!

12-366.102. Venid a Mí, hombres, mujeres, jóvenes, ancianos y niños que os habéis convertido en labriegos y ante mi presencia divina desahogad el dolor de vuestro corazón y cuando hayáis derramado en él hasta la última gota de llanto, cuando hayáis depositado en el Padre el último aliento de tristeza y el último suspiro, quede habitando solamente la alegría, la paz, la serenidad, por que quiero que seáis el pueblo dueño de la serenidad que da la conciencia por el deber cumplido y la esperanza por el nuevo tiempo preparado.

12-366.103. Sois los poseedores de mi bálsamo, dadle fuerza y salud a vuestro cuerpo y esta salud llevadla por doquier.

12-366.104. Todo cuanto habéis hecho presente al Padre, en El está; lo he escuchado, en verdad, pueblo y Yo te atiendo.

12-366.105. Por esta plegaria, ¡Toma recibe!

12-366.106. El universo reciba mi paz, mi bendición si él sabe prepararse ¡Bendito sea! si él sabe llorar ante la partida de este tiempo ¡Bienaventurado sea si se levanta a la espiritualidad, a la regeneración y a la paz!

12-366.107. ¡Tomad, oh Universo, mi paz, mi bendición, mi arma para que venzas! Mis huestes te acompañan, mi bálsamo también y pronto, oirás la voz universal del Padre, la voz del Espíritu Santo, y la imponente voz del Mundo Espiritual que en esta misma noche se manifestará a los hombres, en los pueblos, en los hogares y en los caminos, porque esta es mi voluntad.

¡MI PAZ SEA CON VOSOTROS!