ENSEÑANZA No. 328

11-328.01. ¡Bienaventurados seáis ante mi presencia en espíritu y en materia! Porque el uno y la otra se recrean, se saturan de mi esencia divina y se fortalecen en Mí para proseguir en la jornada.

11-328.02. ¡He aquí a mi Espíritu y he aquí también al vuestro!

11-328.03. El Padre y los hijos están presentes, se contemplan frente a frente con amor, se reconocen entre sí, se aman y se bendicen. De cierto os digo, pueblo, que antes de ahora, en ningún tiempo vuestro espíritu había encontrado el camino certero para llegar a Mí. Hoy, por un instante de elevación, de desprendimiento de los deberes terrestres, por un instante de verdadero arrepentimiento y conociendo el camino de la oración espiritual, me hallareis.

11-328.04. Ya no es el tiempo de penitencias, ni de ceremonias o ritos para poderos comunicar conmigo, para poder creer que me estáis glorificando y agradando. Ese tiempo lo habéis dejado muy atrás, se ha libertado vuestro espíritu y él se recrea en el Tercer Tiempo, extiende sus alas espirituales y domina el infinito, se eleva hacia Mí, se transporta y se emancipa de los sufrimientos y miserias terrestres. Cuando retorna a su materia después de su elevación, le comunica su fuerza y su luz, la levanta, la conforta y la consuela. Tomando el espíritu a su propia materia, como hace un mayor con un débil niño, la lleva por los caminos de la vida y de la luz, animándola con la fe y la esperanza.

11-328.05. A medida que los tiempos pasan, vuestro espíritu va dejando de sentirse débil, va siendo fuerte en el camino por mis enseñanzas y por la luz adquirida en sus pruebas y su lucha. Así quiero contemplar a mis párvulos, convertidos en discípulos, en apóstoles de esta Obra de luz, de espiritualidad y amor, para poderos dejar en mi lugar para enseñar a los hombres, para mostrarles las lecciones no descubiertas por ellos y señalarles insistente y firmemente, el camino de verdad, el camino que conduce a la paz de esta Tierra y a la gloria y paz eterna del espíritu.

11-328.06. Desde mi alto solio envío mi Reino Universal, él se extiende y se desborda en amor en todas las criaturas existentes. Pero entre vosotros, pueblo escogido, mi Rayo se hace palabra humana, palabra comprensible que se aclara. Sobre todo mi pueblo desciende mi palabra y de cierto os digo, que aun cuando muchas veces mis hijos han dicho: "En tal pedestal y en tal recinto existe la impostura", sobre toda impostura y sobre toda impreparación, ha estado presente mi Espíritu. ¿Qué no recordáis que muchas veces os he dicho: No vengo a contemplar la mancha ni la impreparación de mis hijos?

11-328.07. Es mi tiempo. Es tiempo de cumplimiento para el Padre, impuesto por El mismo, por amor a sus hijos. ¿Por qué había de detenerme ante vuestro pecado, si es precisamente con el que vengo a luchar y al que vengo a vencer con mi luz y con mi amor?

11-328.08. No juzguéis de impostor a nadie. No juzguéis de mentiroso ni de manchado a ninguno. ¿Qué no miráis que todos sois mis discípulos, que todos estáis aprendiendo de Mí? Después de 1950, cuando ya mi Rayo Universal no venga a hacerse palabra humana entre vosotros, entonces sí, ¡Ay!, ¡Ay! de aquel, por grande preparación que haga, si trata de hacer que mi Rayo Universal se comunique como en este tiempo. Porque, a pesar de su gran espiritualidad y preparación, por su desobediencia será impostor; será el tiempo en que ya no contaréis con la presencia del Padre en la forma en que lo habéis tenido desde esta revelación hasta 1950, porque mis leyes y mis órdenes son inmutables. Yo no cambio mi Obra jamás, mi justicia es inexorable y mis discípulos deben vivir en armonía con su Padre, en obediencia para con El y en completa conformidad. Por eso el Maestro os asegura que ahora, dentro del tiempo de mi comunicación, a pesar de la gran impreparación e imperfección que puedo descubrir en los conductos por los cuales me comunico, Yo a ellos los perdono y me manifiesto y derramo mi caridad entre las multitudes. Si en medio de mi palabra, que es de pureza y perfección, van las imperfecciones de la carne, Yo os he enseñado a reconocer el árbol por su fruto, para que perdonéis las imperfecciones humanas y sepáis descubrir en el sabor espiritual del fruto, la presencia, potencia y esencia de vuestro Señor.

11-328.09. Estoy formando un álbum espiritual en vuestra conciencia y por mi orden divina se está formando también un libro material de mi palabra. Es el testamento divino que dejo para la posteridad, para las futuras generaciones, para las demás generaciones que han de venir detrás de vosotros; pero en verdad os digo: ellas no conocerán el sabor de vuestras imperfecciones. Mi palabra, ya sea la que haya guardado vuestra conciencia, ya sea la que quede asentada en los papiros, será perfecta, será pura, exenta de toda mancha, de toda impureza y de toda imperfección, y ella será el agua cristalina cuyo prodigio calme la sed del hombre, la sed del espíritu; será el pan y el vino en torno de los cuales haga festín muchas veces el espíritu de la humanidad; será el faro luminoso y el camino iluminado también por la luz del Espíritu Santo, en donde los peregrinos y los náufragos perdidos, puedan encontrar la ruta para llegar a un puerto seguro.

11-328.10. No os parezca difícil ni menos imposible el establecimiento del Espiritualismo en el mundo, porque Yo he fertilizado las tierras y la semilla que os he confiado es fecunda. Las tierras esperan y aunque no todas están preparadas, unas aguardan la simiente , otras están en purificación y esta purificación es un riego de justicia, de pruebas, de sabiduría y amor por parte de vuestro Padre.

11-328.11. Ahora la humanidad, dividida en pueblos, razas, lenguas y colores, recibe de mi Espíritu divino su parte de justicia, las pruebas que a cada quien corresponden, la lucha, el crisol y la restitución que a cada hombre y a cada raza le tengo destinada. Pero sabéis que mi justicia como principio tiene el amor, que las pruebas que a los hombres envía el Padre, son pruebas de amor; que todo conduce a la salvación, al bien, aun cuando aparentemente en esas pruebas haya desgracias, fatalidad o miseria. Detrás de todo ello está la vida, la conservación del espíritu, la redención del mismo; está el Padre esperando siempre al hijo pródigo, para estrecharlo entre sus brazos con el más grande amor.

11-328.12. Hay razas enteras que no me reconocen, hay pueblos que se obstinan en apartarse de mis leyes, en no conocer mi Doctrina, en oponerse a ella juzgándola impropia de este tiempo. Son los que no me han comprendido, son los obstinados en las libertades terrestres; son los que muchas veces practican el bien por conveniencia propia y no por elevación del espíritu. Mas para cada pueblo y raza, preparada está mi justicia y las pruebas, y ellas están llegando día tras día para al fin fortalecer su corazón y espíritu, como si fuesen tierras laborables, y una vez preparadas depositar en sus entrañas la semilla, la simiente eterna de mi amor, de mi justicia y de mi luz. ¡Y esos pueblos hablarán con amor de Mí, esas razas nacerán para la esperanza en Mí y habrá cánticos en el espíritu de todos los pueblos de esta humanidad, coros de alabanza y de amor al único Señor de todos los hombres!

11-328.13. Ahora es tiempo de pruebas y de lucha. El mismo Dios vuestro está luchando; es el Rey de los Ejércitos y a vosotros os ha nombrado sus soldados. Hoy sois aún débiles y desconfiáis de vosotros mismos; medís las pruebas, imagináis la lucha y dejáis que se acobarde vuestro espíritu y corazón. Vuestra conciencia crea en ella misma una balanza y a la diestra coloca el bien y a la siniestra el mal de esta humanidad; mientras miráis que el bien significa como un grano, el mal es como cien fanegas y es cuando no sabéis qué hacer, es cuando miráis vuestro interior y veis que no sois justos ni santos, ni virtuosos y pensáis que solamente seres justos, virtuosos y santos podrán llevar a cabo la redención de esta humanidad encallecida en el mal, endurecida en el odio, materializada en las pasiones, en los vicios y en la miseria.

11-328.14. Juzgáis vuestro propio santuario y en él contempláis vuestra ofrenda pequeña, vuestra flama débil. Penetráis en el santuario de los demás y miráis que él ya no es un freno para detener la carrera vertiginosa de los hombres y pensáis que cuando habléis de Dios, no vais a ser escuchados, que cuando habléis de las facultades del espíritu vais a ser burlados.

11-328.15. ¿Por qué tanta desconfianza en el tesoro de valor incalculable que Yo os he confiado en esta Obra que os he revelado? De cierto os digo: que sin llegar a ser santos, ni justos, podréis hacer grandes obras de redención entre los hombres, grandes prodigios entre la humanidad y también podréis ser ejemplo entre los hombres. ¡Si Yo enviase santos y seres perfectos entre la humanidad para que diesen ejemplo a los hombres, les parecería imposible siquiera asemejarse a ellos! Yo quiero enviar entre los hombres, pecadores convertidos que sin llegar a justos, ni santos, sepan dejar un ejemplo de regeneración, de arrepentimiento, de fortaleza, de ahínco en la Doctrina del Padre, de anhelo, de progreso y de evolución espiritual y ¡Esos sois vosotros!

11-328.16. Vuestro espíritu llegará algún día a la perfección, mas no sabéis cuándo. El Padre no os forzará ni vosotros forzaréis vuestros pasos, pero sí, no os detengáis jamás. Aun cuando sea lento vuestro paso, quiero que siempre sea firme y ascendente.

11-328.17. ¿Que tendréis que luchar entre los hombres? Es verdad. ¿Que el testimonio que vosotros deis entre ellos, de que Yo me comuniqué por el entendimiento humano, para entregaros esta palabra que vais a dar, tendrá que ser puesto en duda? Es cierto. Mas esto no os aflija, porque en todos los tiempos la humanidad ha dudado de mi presencia y de mi venida a este mundo y es porque los hombres no se han reconocido a sí mismos; es que la humanidad diciéndose ser amada del Padre, nunca ha comprendido el alcance de ese amor; es que aun creyendo conocer a su Señor no sabe que uno de sus más hermosos atributos es el de la humildad. Por eso siempre he venido a los hombres en forma humilde, nunca he traído en mis divinas manifestaciones todo mi poder, ni todas mis galas, ni toda mi grandeza. ¡No podrían mirarme los hombres, no podrían tampoco resistirme!

11-328.18. Siempre me he limitado, pero me he limitado en la humildad, en el amor y en la ternura, porque con el mismo amor que hoy os amo, os amé en el Segundo Tiempo, en el Primero y os amaré en toda la eternidad. Puedo deciros en verdad que antes de existir vosotros, el Padre ya os amaba.

11-328.19. Entre vosotros están los discípulos que a sí mismos se preguntan: "¿Por qué si nuestro espíritu brotó de un Padre todo amor, toda pureza y perfección, no ha podido mantenerse ni perseverar en el bien y en la virtud?" El Maestro os contesta: Yo envié a vuestro espíritu a la Tierra, dotado de todos los atributos que hay en el Padre, y lo formé como hijo semejante a su Creador; le fue confiada una materia para su tránsito sobre la tierra y esa materia fue el principio de pruebas y de lucha para el espíritu, porque la carne es débil; así tenía que ser, frágil, para probar la fortaleza del espíritu.

11-328.20. La virtud se manifiesta solamente en la prueba. La luz brilla más en las tinieblas, la luz no brilla en la luz y así, era menester que vuestro espíritu fuese probado y acrisolado, porque vuestro espíritu tiene principio y en su inocencia careció de méritos, careció de experiencia, de desarrollo y de perfección, y a él le fue confiada una baja escala para poder ascender a otra más elevada y así por los siete peldaños de la escala de perfección, hasta llegar como espíritu perfecto y puro a la presencia del Padre, lleno de luz, evolucionado mediante el desarrollo de todos sus dones, perfeccionado en todas sus potencias, colmado de méritos en la lucha, pleno de conocimiento de sí mismo, de su Padre y de la vida, consciente de dónde había brotado, para qué había sido creado y a dónde había retornado.

11-328.21. Si en la carne, el espíritu encontró el principio de su lucha en el camino terrestre, también encontró un número infinito de pruebas y de tentaciones; unas pruebas palpables y otras invisibles, tentaciones y pruebas tan poderosas que lo hacían caer por medio de la carne, unas visibles y otras solamente perceptibles al espíritu, a la conciencia, a las fibras del corazón y de la mente.

11-328.22. Probado en todas formas ha sido desde su principio el espíritu. Si ha sido probado con el mal, ¿Creéis acaso que el Padre pueda poseer el mal para tentar a sus hijos? De cierto os digo: No. Pero el mal también desde vuestro principio existe, lo ha creado la flaqueza, la debilidad del espíritu y de la carne. Los espíritus, por no saber hacer uso de su propia fortaleza y la carne por ceder ante las tentaciones. ¿Qué ha hecho ante esto el Padre? permitir que los elementos del mal os sometan a pruebas; una y mil veces lo he permitido, para poner a prueba en vosotros mi propia luz que os he confiado, para someter a prueba vuestra propia virtud, que es la mía; para acrisolaros en el dolor, en los trances difíciles, en el caos de la vida, para que a través de esas pruebas y de esos casos difíciles, vuestro espíritu vaya encontrando motivos de perfección, de cumplimiento, ocasiones para mostrar a vuestros hermanos y a vuestro Padre su fortaleza y la perseverancia en mis leyes.

11-328.23. Siempre habéis reconocido mi Ley por intuición, mi Ley que ordena el bien y que abomina el mal. Intuitivamente todo ser humano desde sus primeros pasos en la Tierra reconoce cuál es el bien y descubre en dónde está el mal. Mas no habéis sido capaces de manteneros en la ley natural, como los primeros hombres, como se encontró mi pueblo antes de la venida de Moisés. ¿Creéis que antes de la venida de Moisés, mi pueblo de Israel que se encontraba en formación, no reconoció a su Padre? En verdad os digo que sí, desde el principio de esta humanidad, ha habido quien me reconozca y por él he sido reconocido por los demás; pero cuando ha pesado más el mal que el bien, entre la humanidad, he tenido que venir a recordar al hombre el bien, he tenido que materializarme, para hacerme visible y tangible a los humanos, como sucedió en el Sinaí cuando ante Moisés, estando rodeado de su pueblo, promulgué mi Ley y se la entregué grabada en piedra, y a él lo envié entre su pueblo para que fuese la simiente entre todas las naciones.

11-328.24. Por esa Ley fue salvo mi pueblo, se libertó y alcanzó complacencias y dicha sobre la Tierra y esperanza para el Más Allá. Pero llegó el día de la adulteración de mi Ley, el día de la familiarización en ella y nuevamente el mal cundió hasta llegar a pesar más que el mismo bien. Cuando aquellos preceptos comenzaban a torcerse, cuando los hombres comenzaban a crear nuevos caminos dentro del mío, entonces hube de venir nuevamente, pero ya como Mesías, hecho hombre entre los hombres, a enderezar las sendas y comunicarlas con el camino de verdad y atraer a los hombres a la verdad y al bien, a invitarlos al camino de la justicia y del amor; a desenmascarar a los impostores, a destruir toda la falsedad, toda la superstición y a decirles: ¡Esta es la Ley, esto fue lo que entregué en aquel Primer Tiempo!

11-328.25. Por esa mi venida, nuevos pueblos de la Tierra y nuevas razas encontraron también el camino, la paz, la dicha espiritual, el sustento y la esperanza en el Más Allá.

11-328.26. Por una larga Era, esta humanidad se alimentó con el rico manjar del Reino de los Cielos, pero he aquí que también ese manjar había de ser contaminado y ya en esa forma entregado a los labios hambrientos de los hombres. Mi Doctrina fue adulterada, mis enseñanzas también torcidas y mal interpretadas; el cumplimiento de los hijos y su culto, no eran lo que el Padre había mandado, y fue menester volver entre los hombres cumpliendo con una promesa, porque Yo de antemano sabía que mi presencia era necesaria entre los hombres, de tiempo en tiempo; por lo tanto he aquí la Era señalada para que el Señor viniese nuevamente entre vosotros, a pediros cuentas de la Ley de los tiempos pasados, de las revelaciones, enseñanzas y prodigios derramados sobre vosotros en las dos eras que han transcurrido anteriormente.

11-328.27. ¡He aquí por qué he venido, porque vosotros no habéis sabido perseverar ni conservaros en el bien, porque habéis cedido a las flaquezas de la carne, porque habéis caído en las tentaciones tanto visibles como invisibles, bajo ese poder sobrenatural del mal que existe sobre vosotros!

11-328.28. ¿Creéis, acaso, que en aquel Primer Tiempo todos los testigos de mi venida fueron crédulos ante ella? No todos, en verdad.

11-328.29. ¿Creéis, acaso, que cuando aquella revelación fue llevada a otros países, a otras tierras de gentiles, de paganos, fue creída por todos? No. Muchos no concebían que aquella Ley fuese obra divina. Más bien, ellos creían que era obra humana. Pero cuando aquella Ley, por su justicia, por sus propios hechos se impuso y se manifestó, entonces los grandes incrédulos penetraron en ella.

11-328.30. Igualmente en el Segundo Tiempo, millares y millares de hombres y mujeres me escucharon. Muchos creyeron, en verdad, pero muchos más dudaron y no pensaron que aquel Hombre era el Mesías, sino que era un ser como todos los demás. Su palabra, a través de la incredulidad, se hacía incomprensible y confusa y era diáfana y clara solamente para los de buena fe, y así fue combatida, escarnecida y perseguida por los incrédulos, y mi pasión, mis hechos, mis prodigios, no fueron reconocidos por el increyente como obras divinas, sino como obras de hombre.

11-328.31. Cuando mi Doctrina por sus propias manifestaciones, se impuso sobre la humanidad; cuando mis testigos dieron también pruebas de ser mis verdaderos discípulos, mis verdaderos testigos, entonces la humanidad incrédula se convirtió a mi Doctrina, lloró su arrepentimiento y fue también mi discípula.

11-328.32. ¿Por qué habría de extrañaros que esto aconteciera en este tiempo?

11-328.33. Habrá quienes duden de vuestro testimonio y de que Yo me haya comunicado por el entendimiento con el hombre. Habrá quienes al posar sus ojos sobre estos libros materiales que contienen mi palabra, duden de que sea obra divina, de que haya sido recibida por inspiración; y entonces, todo lo atribuirán a vosotros, a los hombres, a la vanidad humana, porque hay desconfianza entre esta humanidad; pero vosotros pasaréis sobre la desconfianza y sobre la incredulidad, sin juzgar a vuestros hermanos, sin violentaros por ello, sabiendo que después de la desconfianza y de la incredulidad, vendrá la fe por vuestros propios hechos. Dejad que vean vuestras obras, que vuestros testimonios sean de verdad llenos de luz, que no serán ni los libros ni vuestras palabras las que conviertan al mundo, sino vuestras buenas obras con las que selléis el testimonio de que Yo estuve entre vosotros, de que Yo vine sobre la nube a comunicarme por medio de mi rayo a través de un portavoz, de un hombre llamado así por el espíritu Divino.

11-328.34. A vosotros os dejaré ir por todos los caminos del Orbe, lo mismo a vuestros hijos, discípulos también del Espíritu Santo y los hijos de ellos llevarán mi simiente; y en verdad os digo, que no pasarán tres generaciones después de la vuestra, en que no se haya conmovido hasta sus más profundas fibras esta humanidad, ante el Espiritualismo, ante la venida del Espíritu Santo, ante hechos extraordinarios, unos que he verificado entre vosotros y otros que reservado tengo para el mañana. Así vosotros iréis aboliendo el reinado del mal. Ese poder irá siendo quebrantado por vuestras obras de amor y de justicia.

11-328.35. Cada hombre que sea convertido al Espiritualismo, será uno menos que pertenezca a aquel reinado; pero si vosotros creéis que Yo os doy la tarea o el cargo de vencer con vuestras obras de amor y de luz el ambiente del mal, en verdad os digo que no es el tiempo aún en que podáis vencerlo por completo, todavía es más fuerte que vosotros; pero no por estas palabras que os digo, vayáis a ocultar vuestras armas y a dejar de esgrimirlas, no mis hijos, mirad que si vuestra espada no es todopoderosa, Yo sí soy Todopoderoso y estoy en vuestra espada.

11-328.36. Luchad contra las tentaciones, descubrid las encrucijadas, romped las redes y lazos tentadores, descubridlos con vuestra intuición cuando se oculten detrás del velo del más allá, descubridlas cuando se oculten entre los hombres o en las luchas de la Tierra; luchad siempre. Yo os digo: vosotros estaréis conmigo en esta contienda. Yo estoy en ella como un Gran Guerrero en contra de las tinieblas y de todo mal existente y al final, seré el que dé el último golpe y el que venza, el que os ayude, y vosotros los que me ayudéis a vencer. El triunfo absoluto de la tentación y del mal no será vuestro en este tiempo, mi pueblo. Tendré Yo que atar aquel poder por un tiempo, pero vuestros méritos serán tomados en cuenta para ello y ese tiempo en que aquel poder se encuentre atado, servirá para que el bien en todas sus formas tome fuerza y cuando fuerte en el bien el hombre se encuentre, cuando en la balanza de mi justicia, el bien pese más que el mal, entonces sí, la tentación en todas sus formas será desatada por un tiempo más y ya en ese tiempo no será mi espada la que la venza, sino vuestras propias armas.

11-328.37. Yo sólo vigilaré desde el infinito, porque vosotros tendréis la fuerza necesaria para vencer al adversario. La virtud en todas sus formas se habrá enseñoreado en este mundo y la tentación no encontrará rincón ni puerta abierta, ni cabida, y sus más grandes celadas, sus más grandes lazos, serán tendidos hasta el último elemento de aquel poder de tentación y cuando su reinado sea quebrantado y dividido, entonces vendrá el principio de vuestro triunfo y la tiniebla se convertirá en luz, el mal se convertirá en bien y los perdidos serán hallados.

11-328.38. He aquí, éste será el triunfo en vuestro espíritu y cuando elevéis vuestro cántico, será el triunfo de la luz de la justicia y del amor; porque vosotros no os iréis de este mundo fracasados, no os iréis derrotados por la tentación. No, mis hijos. Si durante un gran tiempo habéis caído y siguiereis cayendo ante esos lazos, llegará el día de vuestro triunfo, en que levantéis vuestra frente y miréis a vuestro Señor, como sabe erguirse el soldado delante de su mandatario.

11-328.39. Yo os preparo, pueblo, para las contiendas futuras. Quiero veros siempre triunfante en todas las luchas; pero no quiero que esos triunfos halaguen vuestro orgullo: no serán triunfos para vuestra vanidad, serán para mi reinado; serán para vuestra humildad espiritual satisfacciones profundas, íntimas, que ni siquiera salgan a vuestra propia faz.

11-328.40. Vuestras obras de amor y de caridad no serán publicadas, entre vosotros no existirán los fariseos que hagan festines con la caridad hecha entre sus hermanos. Seréis aquellos que en el silencio hagáis el bien. Vivís ya en el tiempo del Espíritu Santo y vuestro espíritu se está desarrollando en todas sus potencias, para hacer el bien por medio de ellas. Podréis dar, no solamente los bienes que poseéis en la Tierra, sino los que posee vuestra mente, corazón y espíritu. Lo que no podáis hacer con vuestra palabra, con vuestra persona material, hacedlo con la oración. Conversad conmigo, elevándoos a Mí y desde allí podréis ejecutar grandes obras de caridad y de amor. Mas cuando vuestra conciencia os diga que tenéis que despojaros de algo material para entregarlo al necesitado, no queráis sustituir aquella caridad con una oración. No queráis ocultar o disimular vuestro egoísmo con oraciones espirituales, no queráis que aquello que vosotros podéis hacer, lo haga el Padre.

11-328.41. ¡Dejad que vuestra conciencia os ordene y os dicte siempre en que forma tenéis que entregar la caridad y si en esa caridad va la necesidad de despojaros de algo vuestro, no le duela a vuestro corazón! Tended la mano y miraréis la dicha en vuestro espíritu, entonces presentirá vuestro corazón el gozo en vuestro Padre.

11-328.42. Os preparo para las grandes luchas entre la humanidad y os digo: los hombres de ahora se están interesando por el Más Allá, no todos en verdad, pero sí en todos los puntos de la Tierra se sondea lo espiritual, se pretende escudriñar el arcano del señor, se juzgan y se estudian los libros, se compenetran los hombres de filosofía y ciencias. Es que soy buscado, es que mi presencia es sentida por todos, y tratan de encontrarme; saben los espíritus que soy fuente de amor y de perdón y a pesar de sus faltas, se atreven a buscarme porque esperan perdón y redención; saben que soy fuente inagotable de misericordia y que soy también mesa colmada de manjares para calmar su hambre y su sed.

11-328.43. ¿Creéis vosotros que en esa búsqueda los hombres no se fortalecen y preparan? ¿Creéis que ellos no alcanzan evolución y desarrollo en sus estudios? Si, pueblo. Cuando os levantéis os sorprenderéis; cuando converséis con vuestros hermanos que se alimentan bajo la sombra de otros árboles, que comen frutos distintos a los que Yo os he ofrecido, veréis como ellos también se han sustentado, cómo ellos también están fuertes y llegado el momento de lucha, cuando tengáis que hacer uso de la espada de vuestra razón, conocimiento y elevación espiritual, veréis que también tiene fuerza de luz la espada de vuestros hermanos.

11-328.44. No durmáis, para que podáis contender, pero aprended a conocer el triunfo, porque muchas veces en vuestra derrota estará el triunfo, la derrota será aparente ante el adversario; el triunfo estará en vos mismo y después brotará de la faz de aquel que aparentemente os venció.

11-328.45. Comprendedme, pueblo, porque llegará el momento en que tengáis que callar, que doblegar humildemente la cerviz con verdadera humildad y entonces el adversario se levantará sobre vosotros y asestará su golpe; pero habréis callado, os habréis doblegado con conocimiento de causa y más tarde contemplaréis cómo en el espíritu de aquel se agita la simiente que dejasteis y cómo el golpe de vuestra espada de luz y amor, dejó una herida profunda en el corazón de vuestro hermano, no de vuestro enemigo, y por esa herida saldrá la soberbia de aquel corazón y penetrará la simiente del Maestro.

11-328.46. Ya habéis tenido experiencia, porque muchas veces habéis llegado ante mi santuario para decirme: "Maestro, yo sembré en un corazón con grande amor, pero sus oídos no me oyeron, permaneció frío y duro y sus labios se burlaron de mí". Y el Maestro ha sonreído dulcemente, os ha llenado de paz y esperanza y os ha dicho: Esperad, que vuestra semilla no se ha perdido, ella llegó a la profundo de aquel corazón. ¡Dejadla! Yo le daré el riego y la fertilizaré, apartaré la cizaña y los pedruscos que por ahora vuestra mano no pudo apartar, pero velad por aquél, no lo olvidéis, velad espiritualmente y esperad, que llegará el momento de vuestra satisfacción y de vuestra dicha. Y ese momento, cuando ha tardado, ha puesto la duda en vosotros mas para que la duda no sea eterna, he venido ha deciros: Mirad la simiente que sembrasteis, desapareció aparentemente, pero ha dado lugar a un arbusto. Ahora cultivadlo para que dé frutos; entonces vuestra alegría y la de aquellos ha sido grande.

11-328.47. Os preparo, pueblo, para que no seáis impacientes, para que la paciencia espiritual presida el cumplimiento, porque la semilla que os confío una vez más, no tiene plazo para germinar como la semilla de la tierra; ella se desarrolla dentro de la eternidad y el tiempo lo mismo puede ser corto que largo; esto no lo sabéis, a vosotros os toca solamente cultivarla, cuidarla con vuestra oración y amor.

11-328.48. Así os prepara el Maestro para después de su partida. Si hoy gozáis escuchando mi palabra a través del entendimiento humano, quiero que ese gozo se prolongue después de mi partida, quiero, pueblo, que cuando mi Espíritu en aquel Más Allá espere el acercamiento del vuestro por medio de la oración, ya sea individual o unificada de vosotros, pueda contemplar en el corazón de mis hijos la dicha y el gozo que hoy contemplo; que plenos de conocimiento de todo lo que pasó en este tiempo, de todo lo que el Padre os dio y del término que él puso a su manifestación a través del entendimiento, lleguéis a El con un himno callado por vuestros labios, pero ardiente en vuestro espíritu, para decirle: "Padre, ¡Cuánto derramasteis entre vosotros! ¡Cuánto gozo en nuestro espíritu durante aquellos tiempos! ¡Cuán colmados de luz dejasteis los espíritus y cuán preciosa herencia legasteis a la humanidad!"

11-328.49. Así quiero contemplaros, llenos de dicha, oh pueblo. Que no contemple entre vosotros al espíritu que quedó retrasado, que no contemple al que sigue navegando en la incredulidad, al que se mesa sus cabellos en medio de sus pecados y su falta de aprovechamiento de mi gracia. Quiero contemplar armonía entre el pueblo, que pueda sentir en mi propio Espíritu su efluvio y sus oraciones, que digan: UNIÓN PAZ Y BUENA VOLUNTAD; FE, ESPERANZA Y CARIDAD.

11-328.50. Así quiero contemplar esas virtudes, cultivadas por vuestro espíritu y ondeando como estandarte al viento, al infinito, para que pueda daros la orden de ir en pos de todos los pueblos, de las muchedumbres que en verdad me esperan y ardientemente desean la nueva llegada del Mesías, del Redentor entre los hombres. Unos dicen: El Maestro ya está entre nosotros, pero está invisiblemente, mas Yo os digo, bendita sea la intuición y el presentimiento de esos espíritus. Otros dicen: "No, no ha llegado, El tiene que llegar visible y tangible como en el Segundo Tiempo"; y es que se han olvidado de la nube, de aquella nube espiritual en la cual Yo he venido en este Tercer Tiempo.

11-328.51. Hay otros que se han olvidado totalmente de aquella promesa y no velan ni oran, pero vosotros estáis preparados, os ha sido entregada de viva voz la revelación del Tercer Tiempo para que vayáis sin titubeos, con plena certeza entre vuestros hermanos y no os atemoricéis ante las grandes muchedumbres; porque llegado el instante, tendréis que ser interrogados y dejaréis satisfechos a los corazones con vuestro testimonio. Los creyentes formarán legiones, los incrédulos también las formarán y combatirán; pero las legiones de incrédulos, pronto serán diezmadas, porque es el tiempo que el Espíritu Santo predominará; porque él se infiltrará en todos los corazones.

11-328.52. Fortaleceos, discípulos, alimentaos, sanaos en Mí, resolved las pruebas materiales, serenaos ante la vida. El dolor que todavía os rodea, no lo contempléis con indiferencia, porque ese crisol os perfeccionará. No maldigáis el dolor, ni lo abominéis, antes bien bendecidlo. El cáliz de amargura, cuando tenga que ser bebido por vosotros, bebedlo; si las heces no pueden ser bebidas por vosotros, Yo las beberé, pero tened conformidad y paciencia. Contemplad el dolor más con el espíritu que con la carne, o sentidlo antes con el espíritu que con la materia y veréis entonces, cuánta fortaleza encontraréis en las meditaciones de vuestro espíritu; veréis cuánta luz imparte la conciencia al espíritu y éste a su envoltura. En vuestro espíritu encontraréis el bálsamo divino, el verdadero bálsamo que calma y sana todos los males y con él sanaréis en verdad.

11-328.53. ¡Sed el espiritualista verdadero, sed mi verdadero discípulo, oh pueblo! Entonces, todo lo que es espina, que es tropiezo y escollo en el camino, será llevadero y ligero. Ese fardo que por momentos pesa sobre vuestros hombros, inexplicablemente será liviano si meditáis y oráis; la explicación de ello la tendréis en vosotros mismos. Es que el espíritu se elevará y elevado es fuerte y hace fuerte a su carne; por eso, quiero que hagáis vida elevada, para que desde allí dominéis esta vida, y vuestro espíritu luche y venza en todas las pruebas, para que desde allí, se imponga la carne, a sus pasiones, a sus flaquezas y a sus miserias.

11-328.54. ¡Elevaos, pueblo, más y más y la paz y el Reino del Padre estarán a vuestro alcance y estando aún habitando esta Tierra vuestro espíritu será morador del Reino de paz del Padre!

11-328.55. Esta es mi cátedra que en esta alba, como lección, os entrego, llevadla en vuestro espíritu, en ella está todo el amor del Maestro, en ella está un arma con la fortaleza para que se levante y luche en el futuro.

11-328.56. ¡Velad en este instante por toda la humanidad y velad en verdad, os dice el Maestro, por todos vuestros hermanos espirituales! Es el instante de oración. Mi espíritu de amor y de paz extenderá su manto por todo el Universo, para envolver a todos mis hijos en esta caricia, en ese bálsamo y en esa bendición paternal, ¡Oh pueblo bendito de mi Divinidad!

¡MI PAZ SEA CON VOSOTROS!