ENSEÑANZA No. 326

11-326.01. Empezáis a escuchar mi palabra y vuestros ojos se convierten en un manantial inagotable de lágrimas. ¿Por qué lloráis, pueblo? No siempre sabéis la causa, a veces es porque la lucha ha sido cruenta; a veces por que la vida os ha azotado con ingratitudes, desengaños, fracasos, enfermedades o lutos; pero hay ocasiones en que sin tener ninguno de esos motivos, lloráis mucho al estarme escuchando.

11-326.02. Yo sé el por qué de ese llanto sin motivo aparente, Yo conozco su origen; es vuestro espíritu el que llora y a través de la carne lo manifiesta con lágrimas. Cada lágrima es un caudal de ternura contenida, de dolor por sentirse cautivo, de arrepentimiento por los errores cometidos, de pena por haber debilitado, de tristeza por el tiempo perdido.

11-326.03. ¿Qué sabe de todo esto la materia? Por eso es que muchas veces habéis creído que llorasteis sin motivo.

11-326.04. Me preguntáis si es una falta llorar delante de Mí. En verdad os digo, quien no experimentase esa necesidad de desahogar una pena o de expresar una suprema alegría, es que en lugar de corazón tiene una piedra, porque no siente en ninguna forma mi presencia.

11-326.05. Llorad, pueblo amado, porque también el llanto es un medio que he otorgado al hombre para que se purifique y se libre del fardo que le agobia. Ved como después os sentís más libres, más ligeros y limpios para reanudar la jornada.

11-326.06. Vuestro espíritu necesita de esa purificación para hacerse digno de poseer la misión que le está reservada y necesita descargarse del peso que a través de los tiempos se ha ido acumulando en él, porque una nueva lucha le espera, lucha que tendrá que empezar sin sentir fatiga alguna.

11-326.07. ¡Sí, discípulos! El llanto en los instantes de vuestra meditación es prueba de sincera emoción y cada lágrima es más elocuente que mil palabras, de las más hermosas y expresivas de vuestro idioma. Pero no en todos se manifiesta por medio de lágrimas el llanto del espíritu, el arrepentimiento o el gozo. En muchos de mis hijos ese sentimiento es interior, oculto, callado, visible sólo para Mí. Ellos parecerán insensibles o impasibles; pero su corazón es tanto o más sensible que quienes exteriorizan sus sentimientos.

11-326.08. Cuando todos hayáis comprendido y estéis viviendo la espiritualidad, también guardaréis vuestras sensaciones espirituales, sin hacer ostentación delante de vuestros hermanos, comprendiendo que ante quien debéis confesaros, arrepentiros y purificaros, es ante vuestro Padre y a El lo llevaréis dentro de vuestro ser.

11-326.09. Por ahora párvulos y discípulos amados, lo importante es que vuestro corazón comience a sentir la vibración del espíritu en vuestro ser, a comprender la necesidad de purificarse, para aceptar el cáliz de amargura cuando llegue a vuestros labios, y que lo mismo será benéfico espiritualmente manifestándose exteriormente, que palpitando oculto en el fondo de vuestro ser.

11-326.10. Un mundo os aguarda, una humanidad os espera, y es por eso que debéis buscar vuestra purificación, a fin de que cuando quedéis frente al camino, convertidos en misioneros de este mensaje espiritual, no vayan a mezclarse en vuestro corazón las virtudes con los defectos, porque os veréis traicionados a cada paso por vosotros mismos. Desearéis ser sinceros y la hipocresía surgirá para traicionaros; desearéis ser caritativos y el egoísmo de vuestro corazón se interpondrá. Por eso os digo que vuestra purificación tendrá que ser verdadera, para haceros dignos de poseer esta misión espiritual; mas nadie como vuestra conciencia para hacer que esa purificación interior vaya siendo firme, verdadera, como un fruto maduro, a través de la reflexión, de la experiencia, de la meditación y el ejercicio de mis enseñanzas.

11-326.11. ¿Imagináis la dicha que experimentará vuestro corazón, cuando al hablar a vuestros hermanos de lo que os revelé en este tiempo, les miréis llorar en silencio, con un llanto que no sólo será de la carne sino también del espíritu, sediento de ternura?

11-326.12. Cada vez que mi palabra sea pronunciada por vuestros labios preparados previamente por la oración e inspirados en mi caridad, mi esencia estará viva y mi palabra palpitante, por lo que os digo que ella producirá a través de vuestros labios el mismo efecto que produjo en los corazones de las multitudes cuando fue trasmitida por meditación del portavoz.

11-326.13. Discípulos: la palabra que en este tiempo os he dado, no debéis tomarla como el fundamento para una nueva religión, porque ella es sólo la explicación de la ley que desde los primeros tiempos os revelé.

11-326.14. Pensad que si se tratase de una religión, estaría destinada solamente a quienes la profesasen, pero siendo ella la luz infinita de Dios, brilla sobre todos, desciende sobre todos a iluminar los caminos de la humanidad, sin distinción de pueblos, razas, lenguas o credos.

11-326.15. Mi Ley es el altar ante el que todos tendrán que venir a adorar a su Señor; doquiera que exista un hombre ahí estará el altar en lo elevado de su espíritu, esperando su tributo y su ofrenda de amor.

11-326.16. Comprended, discípulos. Lo que quiero daros a entender es que todo aquel que reciba esta enseñanza, deberá también unirse e identificarse espiritualmente con todos, sin que la diferencia exterior de los diversos cultos, sea el obstáculo que os impida reconocer y amar a vuestros semejantes como hermanos en Mí.

11-326.17. Si así llegaseis a sentir, habréis asimilado mi lección y podréis en los duros días de prueba que se avecinan, repartir y participar de vuestros dones sin distinguir a ninguno de vuestros hermanos.

11-326.18. No vengo a pedir a los hombres la unificación de costumbres, de leyes materiales o de conocimientos sobre ciencias que al fin y al cabo llegará el día en que la conveniencia haga que los pueblos se unan. Lo que vengo a inspiraros es la armonía espiritual, la unión de pensamientos; que toda la humanidad llegue a conocer y a practicar la oración espiritual en la que todos podréis elevaros interiormente y recibir directamente de mi Espíritu el pan de vida eterna.

11-326.19. Muchas religiones existen en la Tierra y en su mayoría, están cimentadas sobre la fe en Cristo; sin embargo no se aman las unas a las otras ni se reconocen entre sí como discípulos del Divino Maestro.

11-326.20. ¿No creéis que si unas y otras hubiesen comprendido mi Doctrina la hubiesen aplicado a la práctica llevando a la reconciliación y a la paz a los pueblos? Pero no ha sido así. Todas ellas se han mantenido distanciadas unas de otras, distanciando y dividiendo espiritualmente a los hombres, quienes se ven como enemigos o como extraños. Cada quien busca medios y argumentos para demostrar a los demás que él es el poseedor de la verdad y que los demás están equivocados; pero ninguno tiene la fuerza ni el valor para luchar por la unificación de todos, ni tiene la buena fe para descubrir que en cada creencia y en cada culto existe algo de verdad.

11-326.21. Espiritualidad es lo que espero del mundo, ante Mí no tiene ninguna importancia los nombres con que cada religión o secta se distingue, ni el mayor o menor esplendor de sus ritos y cultos externos, eso sólo llega a los sentidos humanos, mas no a mi Espíritu.

11-326.22. Yo espero de los hombres la espiritualidad, porque ella quiere decir elevación de la vida, ideal de perfeccionamiento, amor al bien, culto a la verdad, práctica de la caridad, armonía consigo mismo, que es armonía con los demás y por lo tanto con Dios.

11-326.23. Estoy dando el riego que preparará las tierras donde brotará y fructificará mañana mi semilla. Ahora parece imposible que este mundo pueda transformarse material y espiritualmente en vista de lo que el mal ha arraigado en el corazón de esta humanidad, mas Yo os digo que no pasará mucho tiempo para que veáis el principio de la transformación espiritual de vuestros pueblos.

11-326.24. ¿Quién hubiese creído en aquel tiempo que en la Roma pagana, pecadora y sensual, ciudad donde la vida era una constante orgía de vicios y placeres, de pecados y crímenes, había de encenderse antes que en ningún otro pueblo, la fe en la palabra de amor a Cristo? Y sin embargo, así fue.

11-326.25. Tuvo primero que pecar mucho Roma y que llegar al cansancio y al hastío para encontrarse a punto de recibir en su corazón la semilla de mi palabra, mas cuando ella llegó, aquellos corazones fatigados de placer y destrozados por el desengaño y el dolor, se abrieron al contacto de la esencia de mi mensaje, como se abren las corolas marchitas de las flores, cuando la brisa desciende a acariciarlas.

11-326.26. El corazón latió con fuerza y el espíritu de aquel pueblo se estremeció. Sus pecados le fueron perdonados en gracia a su fe y a su valor para responder a mi llamado.

11-326.27. Valor y sacrificio necesitó aquel pueblo para poder hacer valer su fe y su amor a la verdad que había llegado a iluminar su corazón, mas supieron ser fuertes hombres y mujeres, así fuesen ancianos, jóvenes o niños.

11-326.28. ¿Comprendéis, discípulos? Pues comparad a aquel imperio de vanidades, de vicios y de amor al mundo, con esta humanidad de ahora y presentiréis que también ella, hastiada y cansada de vanidades y enferma de pecar, va aproximándose al día en que su espíritu sea sorprendido con el soplo de la brisa divina que vendrá a despertarle, brisa precursora del rocío que apagará la sed espiritual que le devora y que será la preparación para que más tarde descienda la semilla de la espiritualidad en todos los corazones.

11-326.29. Cuántas veces en vuestro corazón me habéis preguntado por qué nunca os he presentado con toda claridad la vida espiritual, y os digo: que si aquella vida la palpaseis a través de vuestros sentidos materiales, jamás haríais el menor esfuerzo por lograr alguna espiritualidad, jamás desarrollaríais vuestros dones y facultades espirituales, ni procuraríais hacer méritos por merecer mis revelaciones.

11-326.30. Entre vosotros y el valle espiritual, hay un velo que no permite a nadie profanar la pureza de aquel santuario y sólo le es concedido traspasar aquellos umbrales a quien llega hasta ellos revestido de respeto y de humildad, de pureza y noble ideal, de amor y verdadera fe.

11-326.31. Os digo verdadera fe, porque hay fe aparente inspirada en algo imaginario, en algo que por ser falso desaparece y se apaga en cuanto se conoce la verdad.

11-326.32. Son muchos los que han tratado de imaginar la vida espiritual para poder creer en ella. Grandes y pequeños, ignorantes y cultos, todos han querido saber cómo es el Cielo, cómo es Dios, qué forma tienen los seres espirituales, cómo es la luz y la existencia en aquel mundo. Entonces han imaginado más allá de los astros un hermoso valle, un majestuoso palacio, un trono y en él sentado a Dios, en forma humana. A los seres espirituales también les habéis atribuido forma humana y les habéis imaginado volando como aves, para trasladarse de un punto a otro. Todo aquello lo miráis lleno de luz, una luz semejante a la que tenéis en la Tierra, todo brillando como el oro y adornado con lo más bello que conocéis en el mundo material: cantos celestiales y músicas divinas llenando el espacio, mientras millones de seres adoran eternamente al Señor, siempre en hinojos delante de su trono, alabándole y ofreciéndole incienso.

11-326.33. Así es concebida la vida espiritual por la imaginación de muchos hombres y una vez forjada en su mente aquella imagen, han creído que así es; que así debe ser y en ello han puesto su fe.

11-326.34. ¿Qué será de ellos cuando conozcan esta enseñanza y sepan que lo que habían imaginado no corresponde a la realidad? Unos abrirán al instante sus ojos a la luz de la verdad, reconociendo los errores creados por su materialismo. Otros se confundirán y negarán la verdad de mis revelaciones.

11-326.35. Yo sólo os digo que es necesario que apartéis de vuestra mente cuantas imágenes habéis forjado sobre la vida espiritual, porque ni Dios tiene forma de hombre, ni está en un trono como están los reyes de la Tierra, ni está el Cielo situado más allá de los astros, ni su luz es como la del Sol, ni los espíritus tienen forma humana. Todo es diferente de lo que habéis imaginado, en tal forma, que aunque os explicase cómo es en realidad la vida espiritual, no lo entenderíais, porque hasta vuestro idioma sería incapaz de expresar la verdad, la grandeza infinita, la belleza y la perfección de lo eterno.

11-326.36. ¿Podríais decirme qué forma o volumen tiene la conciencia? ¿Podríais decirme, de que forma es el amor o la inteligencia? No, Maestro me decís. Pues así como no tiene forma la conciencia, ni la inteligencia, ni el amor, tampoco podéis comparar las cosas terrenales con las de la vida espiritual. Sin embargo, nada hay más bello en los atributos del espíritu, que es un conjunto de dones y virtudes que no necesitan de forma alguna para poder existir.

11-326.37. Dios no tiene forma, porque si la tuviese, sería un ser limitado como lo es el humano y entonces ya no sería Dios. Su trono es la perfección, la justicia, el amor, la sabiduría, la fuerza creadora, la eternidad.

11-326.38. El Cielo es la felicidad suprema a que llega un espíritu por el camino de su perfeccionamiento, hasta elevarse tanto en sabiduría y amor que alcance un estado de pureza, a donde no llega el pecado ni el dolor.

11-326.39. En algunas ocasiones mis profetas al hablar de la vida espiritual, lo hicieron a través de formas humanas y de objetos conocidos por vosotros.

11-326.40. Los profetas vieron tronos semejantes a los de los reyes de la Tierra, libros, seres con forma humana; palacios con cortinajes, candelabros, el cordero y muchas figuras más. Pero ahora debéis comprender que todo ello sólo encerraba un significado, un símbolo, un sentido divino, una revelación que tuvo que ser expresada a vosotros bajo una forma alegórica, ya que no os encontrabais capacitados para comprender otra más elevada.

11-326.41. Ya es tiempo que interpretéis justamente el contenido de todas mis parábolas y enseñanzas que por medio de símbolos os he revelado, para que el significado penetre en vuestro espíritu y la forma simbólica desaparezca.

11-326.42. Cuando lleguéis a este conocimiento, vuestra fe será verdadera, puesto que la habréis cimentado en la verdad.

11-326.43. Humanidad: Vengo a profetizaros en mi palabra un mundo mejor que el que vivís, precisamente cuando vuestro corazón haya lavado su impureza en la sangre que derramé en la cruz, sangre que fue la representación del divino amor, del supremo perdón y de la redención de todos los hombres.

11-326.44. Vosotros, incrédulos y escépticos, no podéis creer en un mundo de justicia, ni alcanzáis a concebir una vida de amor y virtud en vuestra Tierra. En una palabra: No os creéis capaces de nada bueno ni tenéis fe en vosotros mismos.

11-326.45. Yo sí creo en vosotros, conozco la simiente que hay en cada hijo mío, porque Yo lo formé, porque le di vida con mi amor.

11-326.46. Yo sí espero del hombre, sí creo en su salvación, en su dignificación y en su elevación, porque al crearlo, lo destiné a que reinase en la Tierra, formando en ella una morada de amor y de paz, y a que su espíritu se forjase en la lucha para llegar por méritos a habitar en la luz del Reino de Perfeccionamiento, el cual le pertenece por herencia eterna.

11-326.47. Esta Tierra, a la que llamáis valle de lágrimas o destierro, fue preparada con infinito amor por Mí, para ofrecerla a los hijos que habían de habitarla. Todo en ella rebosaba vida, abundancia, bendición y deleite para quienes vendrían a poseerla. Nada había en ella que hubiese sido creado para causar dolor al hombre, muy por el contrario, todo fue dispuesto en tal forma, que cuando la humanidad con sus errores se causase daño, ella misma encontrase a su paso y por doquiera los medios necesarios para remediar sus penas y para triunfar de sus vicisitudes.

11-326.48. Han pasado muchos siglos sobre el hombre en la Tierra y aún no ha sabido ser feliz en ella ¿Por qué? Sencillamente porque él ha querido encontrar esa felicidad sin buscarla en el sendero verdadero que es el camino que traza mi Ley, Ley de amor y justicia, de armonía y pureza.

11-326.49. ¿Por ventura creéis que sea indispensable sufrir en la Tierra para merecer el Cielo? No, humanidad, lo único que lográis con el sufrimiento es cierta purificación, porque la verdadera y absoluta pureza del espíritu se logra por medio del amor, que os inspira mi Ley.

11-326.50. ¿Qué mérito tiene que algunos que han sufrido mucho en la Tierra, por ese motivo vivan deseando llegar al Cielo? Es natural que si ven que el mundo ya nada tiene que ofrecerles piensen en la vida espiritual. Mérito verdadero es el de aquel que teniéndolo todo en el mundo, en cualquier instante estuviese presto a renunciar a sus posesiones y comodidades, porque entonces sí estaría demostrando su elevación espiritual y testificando que el Cielo o la Gloria, no es el lugar determinado creado por la imaginación de los hombres a través de los tiempos y las edades, sino un estado del espíritu que puede comenzar a vivir, a experimentar y gozar desde su vida humana, estado que irá siendo más puro y perfecto a medida que el espíritu vaya ascendiendo por la escala que le conduce, desde el mundo material, hasta la cumbre de la vida espiritual.

11-326.51. Si Yo supiese que vuestro destino no es tan alto no os hablaría en esta forma, como tampoco hubiese enviado mi Ley, ni os hubiese entregado mi vida si hubiese sabido que nunca os redimiríais en ella.

11-326.52. El hecho de haber buscado la forma de comunicarme con los hombres en tres eras, es porque sabía que al final de los tiempos os elevaríais sobre las pasiones, la carnalidad y las miserias humanas, viviendo una vida noble, plena de altas inspiraciones, llena de obras reveladoras de vuestra madurez espiritual.

11-326.53. ¿Creéis que cuando los hombres vivan de tal modo, sientan hambre y sed de justicia, o tengan necesidad de jueces y gobiernos que les guíen en el mundo y les juzguen y sancionen sus actos? ¿Creéis que en un mundo donde exista la fraternidad y la justicia, pueda haber guerras, miseria o dolor? No, humanidad, ya entonces veréis cómo esta Tierra sólo puede brindaros calor y vida, sustento y bienestar, sabiduría y felicidad, una felicidad que aunque no en su más alto grado, porque esa sólo se conoce al llegar a la altura de la perfección, sí una dicha que compense con justicia a quienes luchen por perseverar en la verdad.

11-326.54. Hacia allá camináis todos, hacia esa vida de serenidad y de paz, no hacia el abismo o a la muerte, como cree presentir vuestro corazón. Cierto es que aún tendréis que beber mucha amargura antes de que el tiempo de vuestra espiritualidad llegue; pero no será la muerte, ni la guerra, ni la peste, ni el hambre, las que detengan el curso de la vida, ni la evolución espiritual de esta humanidad. Yo soy más fuerte que la muerte, y por lo tanto, Yo os devolveré a la vida si murieseis y os haré tornar a la Tierra cuando fuere necesario. Todavía tengo mucho que revelaros, humanidad amada. Todavía guarda muchas sorpresas mi arcano.

11-326.55. La Naturaleza os reserva muchas enseñanzas y la Tierra no os ha dado aún cuanto lleva en su seno.

11-326.56. Sois carne frágil y sensible al dolor, sois débiles y pequeños y por eso tengo misericordia de vosotros.

11-326.57. La lucha del espíritu a través de la materia, es muy grande, pero es precisamente allí donde él se forja, donde hace sus méritos y donde es probado.

11-326.58. Mi divina enseñanza no sólo está destinada al espíritu, no, también ella tiene que llegar al corazón humano para que tanto la parte espiritual como la corporal lleguen a armonizar.

11-326.59. La palabra divina está destinada a iluminar el entendimiento y a sensibilizar el corazón del hombre, y la esencia que existe en esa palabra está destinada a alimentar y a elevar al espíritu.

11-326.60. Para que la vida del hombre sea completa, necesita ineludiblemente del pan espiritual, al igual que trabaja y lucha por el sustento material.

11-326.61. "No sólo de pan vive el hombre", os dije en aquel Segundo Tiempo y mi palabra está en pie, porque nunca podrá la humanidad prescindir del alimento espiritual, sin que le sorprendan en la Tierra las enfermedades, el dolor, las tinieblas, las calamidades, la miseria y la muerte.

11-326.62. Podrán decir los materialistas que ya la humanidad está viviendo sólo de lo que la Tierra y la Naturaleza le ofrece, sin necesidad de ir en busca de algo espiritual que le sustente, que le fortalezca a través de su jornada, pero debo deciros que esa no es una vida perfecta ni completa, sino una existencia a la que le falta lo esencial, como es la espiritualidad.

11-326.63. Espiritualidad no quiere decir misticismo, ni implica la práctica de algún rito, ni es tampoco un culto externo.

11-326.64. Espiritualidad significa desarrollo de todas las facultades del hombre, así las que corresponden a su parte humana, tanto las que vibran más allá de los sentidos del cuerpo y que son las potencias, atributos, facultades y sentidos del espíritu.

11-326.65. Espiritualidad es la aplicación justa y buena de todos los dones que el hombre posee.

11-326.66. Espiritualidad es la armonía con todo cuanto os rodea.

11-326.67. La necesidad de alimentarse espiritualmente es cada vez mayor en el hombre, pero éste procura por todos los medios posibles satisfacerse con lo que posee en el mundo.

11-326.68. Esa necesidad, a medida que el espíritu vaya evolucionando, tendrá que irse sintiendo más grande cada día, hasta alcanzar los rasgos de una sed y un hambre infinitos; hasta experimentar desesperación y angustia, como aquellas que siente el peregrino extraviado en medio de un desierto calcinante y árido; como las que siente el náufrago perdido en una isla solitaria.

11-326.69. Y un día, cuando menos lo piense la humanidad, se despertarán los pueblos clamando justicia, luz, verdad y amor, cansados los hombres de tanto pecado y tanta falsedad, comprendiendo que en su vida ha existido un inmenso vacío que nunca lograron llenar y un hambre que nunca pudieron calmar.

11-326.70. Cierto es que millares y millares de hombres y mujeres profesan un culto y procuran a través de sus diversas religiones alimentar a su espíritu; pero es tan poco lo que hacen y es tan imperfecto, que apenas si llega al corazón a través de los sentidos, porque al espíritu no alcanza a llegar, ya que el espíritu sólo puede comer pan espiritual y beber vino que sea esencia divina.

11-326.71. Cuando los hombres que buscan la luz a través de ceremonias y actos litúrgicos, prescindan de todo rito y de todo culto exterior, al instante verán surgir ante ellos, en plenitud, la luz de la verdad, como un cesto milagros de panes y de peces, que se desborda inagotable ante la avidez de las muchedumbres.

¡MI PAZ SEA CON VOSOTROS!