ENSEÑANZA No. 323

11-323.01. Vengo a entregar mi enseñanza a vuestro espíritu, vengo a alimentarlo y a fortalecerlo con mi amor.

11-323.02. Hijos amados: Sois mis párvulos, mis pequeños niños que transitáis en la Tierra llevando la amargura y el sufrimiento. Bienaventurados aquellos que dejáis el camino del pecado para que vuestro espíritu se acerque a Mí.

11-323.03. El Padre os enseña cómo debéis de recibir y cómo debéis de pedir; porque en verdad os digo que si os limpiáis de pecado, llevaréis mi perdón y seréis confortados.

11-323.04. Yo vengo a limpiaros de toda mancha para que podáis recibir de vuestro Padre la caridad, mas de esa caridad no os despojaréis nunca, porque ella proviene de mi Espíritu Divino y es la heredad que llevaréis en vuestro camino. Soy el Maestro que vengo a entregaros nuevamente mi Doctrina para que la llevéis en vuestro corazón y la entreguéis como Yo os la he dado.

11-323.05. La conciencia es como un espejo en el cual se contempla vuestro espíritu. Yo os digo: No es el tiempo ya, en que vosotros os contempléis menesterosos ante ese espejo, porque he venido a entregaros mi luz, mi palabra sublime, para que nada os haga falta en el mañana, para que seáis obedientes a mi Ley y sigáis dando a la humanidad el ejemplo como lo hicieron mis apóstoles del Segundo Tiempo.

11-323.06. No es el portavoz del que recibís esta enseñanza, porque es pecador como vosotros, le he entresacado de sus caminos y le he preparado para entregaros por su conducto mi palabra. La esencia de esta Doctrina es mi propia esencia.

11-323.07. Desde el Segundo Tiempo os he dicho: "Amaos los unos a los otros", porque el que ama a sus semejantes, me ama a Mí.

11-323.08. Yo no vengo a distinguiros por razas o colores ni por clases, os hablo a todos por igual para que llevéis una sola voluntad, para que recibáis con la sonrisa y con vuestros brazos abiertos a vuestros hermanos que vengan de distintas naciones; practicando este amor, en el mañana no habrá guerras, la muerte no volverá a enseñorearse de la humanidad. No me culpéis a Mí, oh humanidad, de vuestras guerras.

11-323.09. Vosotros no caigáis en confusión, no forméis una nueva torre de Babel, para que los que se acerquen a vosotros puedan encontraros preparados a todos por igual. El incrédulo tiene que llevar pruebas para reconocer los prodigios del Padre, para que su espíritu, a través de mi palabra, reconozca a su Dios.

11-323.10. Las pruebas serán de amor, porque de la piedra más endurecida tiene que brotar el agua cristalina.

11-323.11. Elevaos a Mí y Yo os apartaré toda enfermedad, porque soy el Doctor de los doctores. Yo dejaré en vosotros todo lo que espiritualmente ha menester la humanidad y cuando seáis reconocidos, me habrán reconocido en mi Obra espiritual todas las Doctrinas de la Tierra porque esta es mi voluntad.

11-323.12. He dejado entre vosotros cual baluarte, la oración, por eso os digo: Velad y orad para que por vosotros alcance salvación la humanidad, para que le entreguéis a su debido tiempo la palabra que estáis recibiendo.

11-323.13. El tiempo en que vivís, que es de tanta trascendencia espiritual para todos los hombres, está pasando desapercibido para la humanidad; sin embargo, llegará el instante en que sea reconocido como de gran importancia, no sólo en la vida del pueblo que recibió este mensaje, sino en la historia de todos los pueblos de la Tierra.

11-323.14. Pensad en la grandeza que significa estar escuchando mi palabra, mas no vayáis a dormiros en vuestros laureles, porque al mismo tiempo que debéis sentir el gozo por tener esta gracia, debéis saber que vuestra responsabilidad ante los pueblos, vuestros hermanos, es muy grande, ya que tenéis que llevarles el testimonio de cuanto en estos tiempos recibisteis.

11-323.15. Benditos sean los que guardan en su corazón mi palabra, porque ellos amarán su cruz y con ella a cuestas llegarán a las puertas de sus hermanos, llevándoles el mensaje de luz, paz y amor, que en mi palabra confié a este pueblo.

11-323.16. Cada una de mis lecciones de este año de 1950 es de preparación, para cuando llegue el instante de dar por terminada mi comunicación con vosotros.¿Por qué llorar entonces, cuando os estoy dando todo, para que nada os haga falta? No lloréis por la partida de mi palabra, pueblo, ya os he dicho que en vuestro corazón quedará guardada mi esencia y si vuestra memoria fuese frágil, Yo inspiraré a algunos de mis hijos para que reúnan en libros y álbunes, las páginas y escritos que sobre mi palabra se han hecho.

11-323.17. Fortaleceos en la meditación y en la oración, sois humanos y pequeños y el "adiós" de mi manifestación tendrá que conmover todo vuestro ser. ¿Cómo no habrá de estremecerse este pueblo en este día, si en toda la Tierra, en una o en otra forma, tendrán que sentirla los hombres que ni siquiera tienen idea de mi presencia en el Tercer Tiempo?

11-323.18. Cuando la luz se haya hecho en los entendimientos de la humanidad, llegarán los hombres a la comprensión de que todos los acontecimientos que rodearon el final de 1950, fueron la testificación de que la etapa de mi comunicación había concluido, así como la iniciación de este tiempo también fué anunciada por acontecimientos que conmovieron a los hombres de todo el orbe.

11-323.19. Os estoy preparando y previniendo para cuando surja la confusión de ideas, para que podáis libraros de la lucha interior del espíritu y de la tortura del pensamiento, porque se removerán todas las ideas, doctrinas, teologías, filosofías y creencias de la humanidad, simbolizando una tempestad, una verdadera tempestad del espíritu, sobre cuyas aguas encrespadas quiero que vosotros naveguéis, permaneciendo a flote hasta que la tormenta y las tinieblas pasen. Yo no os doy mejor fórmula para salir avante en esa prueba, que la oración y la práctica de mi palabra, por medio de las cuales vuestra fe se sentirá continuamente fortalecida.

11-323.20. Esa lucha de ideas, ese encuentro entre credos e ideologías, esa batalla, son indispensables para que salgan a la superficie todas las lacras y los errores que se acumulen en el fondo de cada culto y de cada institución. Sólo después de esa tempestad podrá venir una depuración moral y espiritual de los hombres, porque verán surgir la verdad, la conocerán, la sentirán en sí, y ya no podrán volver a alimentarse de apariencias ni ficciones.

11-323.21. Así como cada hombre toma libremente y por sí solo la necesaria acción del sol sobre su cuerpo, reconociendo que en su luz, en su calor y en su influencia se encuentra la vida material, así tomarán de la luz de la verdad, cuanto necesiten para sustento, fortaleza e iluminación de su espíritu.

11-323.22. Vendrá entonces una fuerza jamás sentida por el hombre, porque su vida comenzará a apegarse a los verdaderos principios, a las normas establecidas por mi Ley.

11-323.23. A vos, pueblo, toca llevar por el mundo mi mensaje de espiritualidad que os he traído, mas Yo quiero que comprendáis que la forma de extender esta luz, tiene dos aspectos: uno, completamente espiritual a través del pensamiento, de la oración, con la que iréis estableciendo un ambiente de espiritualidad, y el otro, espiritual y humano, por medio de la palabra, de la presencia material, de la explicación de mi palabra al enfermo. Recordad el ejemplo de Jesús.

11-323.24. Si vosotros tuvieseis una fe grande y un conocimiento mayor sobre la fuerza de la oración, cuántas obras de caridad haríais con vuestro pensamiento; pero no le habéis concedido todo el poder que ella tiene y es por eso que muchas veces no os dais cuenta de lo que rechazáis en un momento de sentida y verdadera oración.

11-323.25. ¿No os dais cuenta de que algo superior está impidiendo que se desate la guerra mas inhumana de todas vuestras guerras? ¿No comprendéis que en ese milagro influyen millones de oraciones de hombres, de mujeres y de niños, que con su espíritu combaten las tinieblas y luchan contra la influencia de la guerra? Seguid orando, seguid velando; pero poned en ese acto toda la fe de que seáis capaces.

11-323.26. Orad, pueblo, y sobre la guerra, el dolor y la miseria, tended el manto de paz de vuestros pensamientos, formando con ellos un escudo, bajo cuyo amparo, se iluminen y refugien vuestros hermanos.

11-323.27. Si por el momento el mundo está tan ciego que no puede ver la luz de la verdad, ni puede escuchar en el fondo de su ser mi llamado, vosotros orad y ganad terreno espiritualmente, ya que en estos instantes no seríais escuchados, porque todos los pueblos están consagrados a prepararse para destruir y defenderse.

11-323.28. Todavía habrán de cegarse más los hombres, cuando la desesperación, el odio, el terror y el dolor lleguen a sus límites.

11-323.29. Tampoco esa sería la hora propicia para entregar mi mensaje, porque seríais como pregoneros en mitad de un desierto, nadie os haría caso.

11-323.30. No olvidéis que el corazón humano es como la tierra que va a cultivarse: primero hay que limpiarla, apartando de ella pedruscos y arrancando la mala hierba que la cubre, luego hay que fecundarla con el riego a fin de que en sus entrañas pueda germinar una simiente y finalmente, hay que llegar a tiempo a sembrar la semilla, antes de que la tierra se canse de esperar y pase la época propicia.

11-323.31. Así, en esta humanidad se está llevando a cabo una obra de purificación, en la que el hombre, sin darse cuenta de ello, se ha ofrecido a sí mismo el cáliz que habrá de devolverle su pureza.

11-323.32. Todo el dolor que se está preparando él mismo servirá para ablandar su corazón, para que al fin expulse de lo más profundo de su ser cuanto de malo ha germinado en él y cuando ya no pueda sufrir más, ni sentir más angustia, sentirá llegar a su corazón la luz de la conciencia, la dulzura del arrepentimiento, la savia de una nueva vida para su espíritu.

11-323.33. Una vez preparado, limpio y purificado por el dolor y más tarde fecundo con el rocío del arrepentimiento y la reflexión, el hombre estará a punto de recibir la divina semilla de la espiritualidad, porque sus entrañas ennoblecidas ya con el arrepentimiento y el propósito de enmendar y restaurar, estarán ávidos de recibir en su seno la simiente del amor, de la paz y la sabiduría.

11-323.34. ¿Qué será de esta humanidad si cuando estuviese ansiando la llegada de mi mensaje, este pueblo no se hubiese preparado para presentarse ante sus hermanos como enviados o labriegos de mi palabra?

11-323.35. Cuan grande es vuestra responsabilidad, discípulos, tan grande, que habréis de responderme de cada uno de los minutos que os he confiado para el desempeño de vuestra misión.

11-323.36. Os he dicho que por ahora elevéis vuestra oración, es decir, que principiéis por adquirir un verdadero conocimiento de la misión que vais a cumplir; que vayáis ejercitando el corazón por medio de la práctica de la caridad, que poco a poco deis sensibilidad a vuestro ser, esforzándoos por combatir vuestro egoísmo que es fruto del materialismo. Entonces irá penetrando en vosotros la espiritualidad.

11-323.37. Dejad ya de ser los párvulos, para que cuando Yo os diga que oréis, comprendáis que os pido obras buenas, ya que ellas son y no vuestras palabras o pensamientos, las que verdaderamente hablan a mi Espíritu. Un pensamiento, por muy hermoso que sea, si no es sentido, carece de esencia. Una palabra o una frase por muy bellamente que sea dicha, sino se transforma en obra, no tendrá vida y ya sabéis que lo que no tiene vida, no existe, por lo tanto no puede ser recibido por Mí.

11-323.38. Ya sabéis: Cuando os diga orad, no sólo os concretéis a penetrar en el recogimiento interior de vuestro pensamiento, sino también salid de ese santuario y dejad en cada hermano vuestro, una prenda de verdadera fraternidad, como la más cierta prueba de que vivís velando y orando por vuestros semejantes.

11-323.39. Así se irán apartando vuestros defectos, iréis combatiendo vuestra desunión e iréis logrando esa preparación de que tanto os hablo en mis lecciones.

11-323.40. Si para cuando la humanidad reclame en su corazón mi nuevo mensaje, este pueblo no se hubiese preparado por medio de la práctica, ni se hubiese acrisolado en una lucha de amor contra el odio, de caridad contra el egoísmo y de paz contra la discordia, las enfermedades y las penalidades, no espere con la sola palabra llegar al fondo de los corazones, persuadiéndolos de mi verdad.

11-323.41. Por eso, al mismo tiempo que os voy dando mi palabra, os voy diciendo que la pongáis en práctica, porque sólo así podréis comprender la esencia de mis enseñanzas, su contenido y su bondad infinita.

11-323.42. De 1866 a 1950 han transcurrido ochenta y cuatro años; toda una etapa de revelaciones espirituales en que la luz divina ha brillado sin cesar sobre todo espíritu y sobre toda carne; en la que el mundo espiritual se ha manifestado a este pueblo en una forma y en muchas formas se ha manifestado en toda la humanidad.

11-323.43. Se acerca ya el momento de deciros adiós a través del medio elegido por Mí para mi comunicación en este tiempo, mas Yo quedaré en espera de vuestra preparación y de vuestra espiritualidad, a fin de reanudar mi comunicación con la humanidad, aunque ya no empleando cerebros para trasmitir mis mensajes, sino buscando la comunicación directa de mi Espíritu con el vuestro.

11-323.44. Cuando dije por boca de un profeta de la antigüedad que vendrían tiempos en que mi Espíritu sería derramado sobre todo espíritu y sobre toda carne y que los hombres tendrían visiones y sueños proféticos, Yo me refería precisamente a este tiempo que se aproxima, en el que surgirán los dones que todo espíritu posee, buscando la divina verdad y testificando el cumplimiento de cuanto os fué profetizado.

11-323.45. No temáis al día en que habré de hablaros por última vez, ni temáis al tiempo de la meditación, en el que no escucharéis mis palabras a través de los labios humanos; porque en verdad os digo, que Yo estaré presente, sin desoíros ni abandonaros un instante, alentando vuestra fe con mi caridad, haciéndoos sentir mi presencia en diversas formas, llenando de esencia y de efluvios divinos vuestras reuniones, inspirándoos pensamientos, obras y palabras, conduciendo vuestros pasos y evitándoos caídas y tropiezos.

11-323.46. No tengáis temor al nuevo tiempo, no vayáis a dudar de mi presencia en espíritu, porque os haré oír mi voz reprochando vuestra duda, diciéndoos: ¡Ah, hombres de poca fe, que necesitáis ver y tocar para poder creer!.

11-323.47. Si en verdad aspiráis a penetrar en la espiritualidad, para llamaros dignamente discípulos míos en este Tercer Tiempo, meditad profundamente en estos instantes solemnes, en estas lecciones, que van siendo las últimas que habréis de recibir.

11-323.48. Quiero que vosotros, como buenos discípulos, imitéis a vuestro Maestro en su verdad, para que a lo largo de vuestra caminata deis cumplimiento a vuestra misión, sin saliros jamás de la ruta trazada por la Ley y la conciencia.

11-323.49. Si os anuncié mi venida desde hace muchos siglos, Yo cumplí mi promesa. Si ya una vez comunicado por medio de mis portavoces os prometí un tiempo de complacencias en el que os hablaría incansablemente del Reino Espiritual, lo he hecho; mas si os revelé la fecha en que habré de concluir este mensaje, quiero y debo cumplirlo, porque en mi voluntad no puede haber cambio alguno, ni mis palabras divinas pueden sufrir variación, ni existe otro poder u otra voluntad para hacer cambiar el destino de la vida y de los seres.

11-323.50. Todo estuvo previsto por Mí desde la eternidad, nada se escapó a mi sabiduría. Todo tiempo fue marcado desde el principio y todo destino fue trazado. Aún cuando los hombres nunca hayan armonizado su voluntad con la mía, no por ello ha dejado de hacerse mi voluntad.

11-323.51. Yo siempre os he dado tiempo para vuestra preparación y os he proporcionado medios para salvaros. Antes de enviaros mi justicia a tomaros cuentas al final de una era o de una etapa, os he manifestado mi amor, previniéndoos, y exhortándoos al arrepentimiento, a la enmienda y al bien; mas, llegada la hora de justicia, no me he presentado a preguntaros si ya os habéis arrepentido, si ya os habéis preparado o si aún permanecéis sumergidos en el mal y en la desobediencia; mi justicia ha llegado en la hora marcada, y el que supo construir a tiempo su arca, fue salvo, y el que se mofó cuanto le fue anunciado la hora de justicia y no hizo nada por su salvación, ése tuvo que perecer.

11-323.52. Meditad en esto que os estoy diciendo, para que sepáis que vuestra voluntad nunca podrá hacer variar la mía, aunque a veces así llegue a pareceros, que llegada la hora de justicia, Yo os visitaré y os tocaré, para dar a cada quien según sus méritos, porque ya antes os hablé con amor y con luz, para que con tiempo fueseis construyendo el arca salvadora, aquella en que los días de mayor justicia pudiese rescataros de perecer bajo las aguas de purificación Universal.

11-323.53. Si en los párvulos y los postreros, aún no ha tomado forma este acontecimiento, queda la responsabilidad en los mayores, en los primeros, en los discípulos, para que ellos enseñen a sus hermanos pequeños cómo se obedece la voluntad del Padre y cómo se da cumplimiento a su Ley. Mas Yo os digo, que si ellos no supiesen dar ejemplo de obediencia, ni testimonio de mi verdad, Yo sí les daré una prueba más de mi justicia y de cómo mi voluntad se cumple por sobre todo.

11-323.54. Os preguntáis en el fondo de vuestro corazón por qué a veces hago reclamos tan severos a vuestro espíritu y Yo os digo que si al formaros os hubiese negado uno de mis atributos, tendrías razón en quejaros o sorprenderos de mis reclamos; pero cuando sé que en vuestro ser he depositado un algo de cada una de mis potencias, virtudes y atributos, y que además os he hecho revelaciones sobre mi Ley, sobre vuestro destino y sobre la vida, concediéndoos el tiempo suficiente para vuestra comprensión, evolución y desarrollo, justo debéis considerar que Yo descienda a vosotros a juzgar vuestras obras y el empleo que a mis dones habéis dado.

11-323.55. Vuelvo a deciros que si uno solo de mis atributos os lo hubiese negado, no tendría Yo derecho a reclamaros los errores que cometieseis en vuestra vida.

11-323.56. Con esto podréis comprender que no existe ni ha existido un ser humano en quien no haya estado un espíritu animándole, ni ha existido jamás un espíritu que careciese de conciencia.

11-323.57. ¿Qué mayor gloria para el hombre, saber que le anima un ser de luz, un habitante del Reino Espiritual, un enviado o mensajero de un mundo superior? Y por otra parte, ¿Qué mayor dicha para el espíritu saber que va con él eternamente el faro luminosa de la conciencia que es la luz de la Divinidad alumbrándole el camino? Mas, como habéis perdido el tiempo ocupados solamente en lo material, alejándoos cada día más de los pensamientos sobre la vida espiritual, como hasta vuestras religiones adolecen de falta de espiritualidad, tenéis una humanidad aletargada, enfermiza y sombría, que al escuchar la voz de su Padre, que se presenta para juzgarle y reclamarle, se sorprende del reclamo y se pregunta: ¿Por qué tanto rigor para con este pueblo débil, pequeño, enfermo e inocente? Mas no se da cuenta de que la razón no le asiste cuando replica así a la voz de su Maestro, porque ni es débil, puesto que lleva en sí la fuerza de que Dios le dotó, ni es pequeño porque en su formación espiritual y corporal está la sabiduría y la perfección con que Yo le formé, ni es inocente porque a través de la conciencia se da perfecta cuenta de lo que hace, de lo que debe hacer y de lo que deja de hacer. Y si se siente enfermo, es porque su falta de armonía así con lo espiritual como con lo material, lo han alejado de las principales fuentes de la vida, como son la comunicación espiritual conmigo y el contacto con su madre la Naturaleza.

11-323.58. Yo os invito a meditar profundamente en mi palabra, y debo deciros que si después de oírme, alguno siguiese considerando injustos mis reclamos y mis juicios, habrá sido porque no pudo penetrar en el sentido de mi palabra y Yo tendré que perdonar su dureza de corazón y de entendimiento.

11-323.59. Estáis a prueba hace tiempo, pueblo amado, porque es necesario que os purifiquéis para que os hagáis dignos de ir a entregar mi palabra a vuestros hermanos, ahora que tanto necesitan las naciones un mensaje de paz.

11-323.60. Yo no enviaré como emisarios a quienes estén muertos a la vida de la gracia, porque nada tendrán que entregar, no daré esa misión a quienes no hayan limpiado de egoísmo su corazón.

11-323.61. El emisario de mi palabra tendrá que ser un discípulo mío, cuya simple presencia haga sentir en los corazones mi paz. Tendrá que poseer la virtud de saber consolar a sus hermanos aun en los trances difíciles, y en su palabra habrá siempre una luz que disipe toda tiniebla del espíritu o del entendimiento.

11-323.62. A este pueblo le encontré muerto y lo resucité con la luz de mi palabra, ¿Por qué no han de poder hacer lo mismo mis discípulos con sus hermanos, si es lo que he venido a enseñarles?

11-323.63. Cuando hablo de muertos me refiero a los que han muerto para la fe, para el bien, para la verdad, y puedo deciros que en cada uno de vosotros, cuando llegasteis ante mi manifestación, había un muerto.

11-323.64. Mi palabra, al tocar la losa de vuestro corazón, hizo estremecer al espíritu sepultado hacía mucho tiempo bajo el materialismo de vuestra vida.

11-323.65. Sensaciones desconocidas, ternuras recónditas y deleites del espíritu, os hizo experimentar mi palabra. Con avidez llegabais ante el rayo divino comunicado por el portavoz, para gozar de aquella esencia que sentíais descender de lo infinito hacia vuestro corazón.

11-323.66. Instantes de verdadera paz para vosotros han sido aquellos en que, transportados hacia un mundo de luz y perfecciones, os habéis olvidado de vuestras vicisitudes terrestres.

11-323.67. Entonces se ha desbordado en acciones de gracias vuestro corazón, porque cuando ya nada esperabais de la vida sino dolor, rasgó el velo del misterio y un rayo de luz divina descendió a vuestro espíritu como un mensaje de amor, de verdad y de consuelo.

11-323.68. En vuestra vida oscura, dolorosa y monótona, surgió el milagro inesperado de mi retorno, a través de una comunicación espiritual y mental al mismo tiempo.

11-323.69. Desde ese día, una nueva vida apareció ante vuestros ojos. Las sombras de la duda y de la incertidumbre huyeron y en vuestro corazón se hizo la luz.

11-323.70. Esa es la nueva aurora de que tanto os hablo en mi palabra, ese es el nuevo día ante el cual habéis despertado.

11-323.71. Ya tenéis esperanza, ya os sentís seguros, ya sabéis lo que tenéis que hacer para vivir dentro de esta senda.

11-323.72. En vuestro corazón han nacidos propósitos nobles, buenas intenciones, hermosos proyectos.

11-323.73. El camino se extiende luminoso ante vuestros ojos invitándoos incesantemente a recorrerlo, para mostraros sus bellezas y revelaros a cada paso nuevas enseñanzas.

11-323.74. ¿Quién de vosotros no desea ese maravilloso despertar a toda la humanidad? ¿Quién de vosotros querrá este tesoro para sí solamente? Ninguno, Yo veo en cada corazón el anhelo de resurrección universal, el deseo de paz y de luz en todos los hombres. En verdad os digo que ese anhelo, creciendo cada día en vuestro corazón, será la fuerza que os lleve el mañana a luchar por la realización del ideal que mi palabra ha hecho nacer en vuestro espíritu.

11-323.75. Yo proporcionaré a mi pueblo los medios para que lleve mi mensaje a todas las naciones, Yo le concederé que a su paso encuentre hombres de buena voluntad que le ayuden a llevar mis mensajes hasta los confines de la Tierra.

¡MI PAZ SEA CON VOSOTROS!